A decir verdad, sólo en las calles de Zihuatanejo lo he visto. Sea porque el hecho resulta más llamativo en el pavimento de concreto estampado, como en las ciudades europeas, o también porque el clima se presta para disfrutar descalzo el contacto con el suelo.
El hecho es que a poco de que las calles principales lucieron niveladas, pintadas y limpias, empezaron a mostrar machas indecentes, oscuras y de olor nauseabundo. Esto último resultaba más notorio en torno a los depósitos de basura cercanos a la playa. Entonces el mal olor se asociaba a los desechos de pescado que de manera irresponsable sus dueños intentan desaparecer antes de que los camiones del servicio de recolección de basura pasen en sus dos turnos para recoger lo que cada hogar o negocio genera como basura.
Esa mancha de mal aspecto y de peor olor que suele pegarse en la suela de los zapatos para invadir de ése modo cada espacio y rincón pisado, al poco tiempo se fue extendiendo más allá de las calles del centro de la ciudad, hasta aparecer y hacerse visible en prácticamente todas las calles pavimentadas de concreto, porque en aquellas asfaltadas, la mancha pasa inadvertida debido al oscuro del chapopote.
Era de lamentarse que las calles nuevas y limpias dejaran de ser atractivas para andar y que, por lo visto, nadie en la ciudad pareciera enterarse de tan grave acontecimiento, pues en breve tiempo y a fuerza de sol y lluvia, y también por laboriosa actividad de las escobas, cepillos y detergentes empleados para desaparecer las manchas, el color del pavimento se fue opacando y sobre él, con más fuerza, cada día la mancha pestilente se hizo costra.
Descubrir el origen del mal fue un hecho fortuito: una mañana, detenido en la calle por las maniobras de un camión del servicio de recolección de basura que los conocedores llaman “prensa” fui testigo del proceso de prensado que a cada tanto de carga estos vehículos deben hacer para dar cabida hasta diez toneladas de desechos para las que tienen capacidad. A medida que el mecanismo de prensado se accionaba, un líquido negro se escurría desde la base compacta del camión. El olor que despedía el negrusco compuesto era insoportable y se quedaba ahí como parte de la escena urbana.
Desde entonces la maniobra del camión me pareció una escena grotesca y obscena. La misma se repite todos los días multiplicada por cientos, en toda la ciudad, por obra de las diez unidades recolectoras que opera el municipio.
Lixiviados, así se llaman los jugos o líquidos que están contenidos en los desechos. Y no son pocos, aunque no tengo a la mano los litros de lixiviados por tonelada de desechos sólidos, no dudo que son muchos. Conozco los modernos rellenos sanitarios que cuentan con sistema de drenes a través de los cuales se recogen los jugos que tarde o temprano se asientan en la membrana que sirve de colchón en los rellenos “Típicamente, el lixiviado es anóxico (sin oxígeno), ácido, rico en ácidos orgánicos, iones sulfato y con altas concentraciones de iones metálicos comunes, especialmente hierro. El lixiviado tiene un olor bien característico, difícil de ser confundido y olvidado” Esto fue lo que encontré como definición técnica del término.
Además del olor característico, “difícil de ser olvidado” el líquido es altamente corrosivo y contaminante.
Ante el daño ambiental que ocasiona de esa manera en la ciudad el servicio municipal de recolección de los desechos, quise conocer las razones por las cuales el problema se ignoraba y a propósito entrevisté, de manera informal, al director de Servicios Públicos Municipales, Marino Catalán, un profesor ampliamente conocido en Zihuatanejo y en la política porque durante las campañas electorales recientes se hizo popular porque comprometía públicamente los votos de su familia a favor del candidato de su preferencia anunciándolo con esa leyenda en una manta que colgaba de su edificio.
Pues bien, el profesor, a pesar de su reciente contratación para el cargo me hizo ver que conocía bien el problema, pero que era difícil de resolver por falta de presupuesto. La explicación es simple. Me dijo que por falta de mantenimiento, los camiones que se utilizan en el servicio de recolección tienen desechos los empaques plásticos que de otro modo retendrían el líquido en el compartimiento de la basura sin que se escapara una sola gota al piso. Para remediar el caso, entonces, se requiere de una inversión que no está en manos de su dirección ni en el ánimo del gobierno municipal.
Le pregunté entonces si había pensado en otra solución, desde luego, nada que ver con su renuncia al cargo porque los funcionarios en general, antes que dejar la nómina buscan mil justificaciones para mantenerse en el cargo.
Como no halló el director en esa breve plática una solución adecuada le propuse que si la maniobra de prensar en los camiones era inevitable, por qué no se identificaba en cada calle el lugar donde una coladera pudiera recibir los lixiviados para llevarlos por su cuenta hasta alguna de las seis plantas de tratamiento de aguas residuales que hay en Zihuatanejo e Ixtapa. Me respondió que, sin duda, era una solución viable, sólo que difícil de concretar porque los choferes de los camiones no están educados para recibir y cumplir las indicaciones que se les dan.
Sin embargo, don Marino Catalán dijo que buscaría la manera de atender tan grave problema. No hubo desaliento de su parte.
Con las lluvias que han caído ahora, las calles comienzan a limpiarse y así se mantendrán lo que dure el temporal y, aunque los líquidos contaminantes ya no los veamos pegados como manchas por donde caminamos, es seguro que eso no aminorará el daño ambiental que provocan.
Después reflexiono que quizá en Zihuatanejo no somos los únicos mexicanos que estamos expuestos a esta clase de contaminación, pues siendo de los pocos privilegiados que contamos en la ciudad con camiones prensa para recolectar los desechos sólidos, también presumimos de hasta cinco plantas de tratamiento de aguas negras, no importa que estas no alcancen a tratar los lixiviados. El problema es mayúsculo para las ciudades y poblaciones que carecen de camiones prensa y más para los que carecen de drenaje, de sistema de tratamiento de aguas residuales, y ni qué decir de los que no tienen siquiera un lugar como tiradero único de basura. Pues en todos los casos, los desechos se generan cada día y éstos de por sí llevan consigo los líquidos que percolan las porosidades del suelo hasta asentarse en los mantos freáticos.

Es una pena lo que pasa en Zihuatanejo, un lugar tan bello donde tenemos oportunidad de ir cada año(por tiempo compartido en Ixtapa). Realmente esas personas supuestamente responsables de los desechos son complices de un ecocidio en perjuicio de los seres vivos que mas tarde naceran y se desarrollaran en esos lugares.
Si lo que podemos hacer es informar y motivar a algunas pocas personas a evitar daños ¡bienvenido sea! Debemos continuar exponiendo estos lamentables hechos, pero con especial enfasis en la prevencion.
Saludos desde Morelos