Silvestre Pacheco León.-Zihuatanejo Guerrero

Politologo, Ambientalista, Periodista… Contacto: leonblog@riseup.net

LA ÚLTIMA INSTANCIA EN LA DEFENSA LEGAL DEL BOSQUE Mayo 25, 2009

Archivado en: Ecologia — silver99 @ 4:36 pm

Silvestre Pacheco León

Los incendios y la tala ilegal son los principales enemigos del bosque. Su consecuencia, es la escasez de agua, el cambio climático, la violencia, y mayor pobreza en el campo.

Los gobiernos han dispuesto de todo el tiempo del mundo para diseñar estrategias para la preservación del bosque, pero nunca han sido eficaces porque el ritmo de destrucción de la capa vegetal es sostenido y va en aumento.

Los incendios ya no son, en su mayoría, causados por la vieja práctica agrícola trashumante del tlacolol. Ahora los provocan quienes se dedican a la ganadería bovina, para limpiar los potreros y garantizar la germinación de la semilla que tiró el pasto maduro.

Los incendios provocados por quienes siembran enervantes, tampoco tienen relevancia a raíz de que ahora están claramente delimitadas las parcelas de los campesinos. Nadie se puede llamar sorprendido cuando se descubren plantíos de amapola y mariguana en sus predios.

Las autoridades solamente esconden su irresponsabilidad y exhiben ignorancia cuando aducen dificultades para identificar a quienes provocan los incendios. Si los recursos que tienen a su disposición no los canalizan a la prevención, estamos condenados al sacrificio del fuego.

El caso de la tala ilegal para perjuicio del bosque, es singular y permanente. En cuanto termina el ciclo de lluvias comienza el movimiento de los madereros para la extracción de madera. Empiezan por la rehabilitación de caminos para que los camiones lleguen sin tardanza a la zona de corta.

Cuando el aprovechamiento forestal está autorizado, el problema de la deforestación se localiza en la manera como cortan y extraen la madera. Como no hay supervisión de ninguna autoridad para cuidar que solamente se corten los árboles maduros, lo común es que el corte se haga parejo en ventaja de los motosierristas que cobran por metro cúbico de madera aserrada. A ellos no les importa si el árbol está marcado o no. Lo que les interesa es cortar, entre más trozos mejor. Por eso lo hacen a mata rasa, sin respetar los pinos delgados.

Después de derribado el árbol, para juntar los trozos que serán subidos al camión, se valen de una grúa provista de cables que alcanzan una distancia de medio kilómetro. Y en cuanto se ha asegurado el trozo de pino, lo que sucede en el trayecto es la destrucción sistemática de los árboles que se interponen en el camino.

Quienes han estado en las explotaciones madereras afirman que por cada árbol que la grúa recoge, destruye en promedio 50 ejemplares en el trayecto. Es decir, que aparte del corte parejo que se hace con la motosierra de los árboles adultos, la grúa hace lo propio con los árboles jóvenes y pequeños que, en otras circunstancias, repoblarían el bosque.

Es posible que en las explotaciones madereras que son de propiedad social, como algunas empresas forestales ejidales, los dueños del bosque realmente pongan cuidado para no dañar de más su recurso. El problema en nuestro estado, y creo que en toda la república, es que la inmensa mayoría de las empresas maderas son privadas y a esas sólo las mueve el afán de la ganancia. Por eso tratan de aprovechar cada día en la extracción del mayor volumen de madera. Después de que han acabado con el bosque, nada los obliga siguiera a regresar al lugar.

Los funcionarios responsables de vigilar las explotaciones madereras, siempre argumentan la falta de personal para cumplir con la supervisión, pero nunca renuncia a su cargo ante la imposibilidad de cumplir. Todos se acomodan a la situación, buscando un sin fin de justificantes para explicar su inacción. Pero claro, se trata únicamente de la falta de vigilancia en los “aprovechamientos” forestales que tienen autorización, porque el mayor contrasentido en esto de la vigilancia, consiste en que la mayoría de las zonas de extracción de madera, no cuentan con permiso, es decir, se trata claramente de explotaciones clandestinas que están acabando con la cada vez más escasa superficie forestal.

También es un hecho que las autoridades saben dónde se localizan estas zonas, que hasta se podrían monitorear nacionalmente, de otra manera, sólo basta con que investiguen lo que hacen sus inspectores, pues es precisamente allí en esas zonas donde con más frecuencia se les ve departiendo con los talamontes.

En la sierra de Zihuatanejo la exacción del bosque tiene alarmada a la población. Los talamontes son ampliamente conocidos, como también lo son sus buenas relaciones con las autoridades federales. Cuando alguien de los afectados decide formular una denuncia, dicen que aún no llegan de regreso a su ejido cuando ya los saqueadores de la riqueza forestal saben quien los denunció. Y como por lo general esas denuncias no son ratificadas, simplemente se archivan en la oficina mientras en la sierra crece el número de cuestiones personales.

El mayor contrasentido en esta relación es que habiéndose inventado el gobierno para evitar conflictos entre particulares, aquí la inacción del gobierno sirve precisamente para generar conflictos.

Con esa conducta las autoridades van cayendo en el descrédito. Los ciudadanos desconfían de la rectitud oficial y no ven utilidad alguna en sus aparatos. Por eso se entiende que opten mejor por las acciones directas, antes de engañarse perdiendo el tiempo en conseguir la atención del gobierno.

En la sierra de Zihuatanejo la deforestación mantiene su ritmo ascendente. Los ejidos de Mineral Real de Guadalupe, Vallecitos de Zaragoza y La Laja, están perdiendo su riqueza forestal de manera pasmosa. Sus habitantes ya no creen que haya alguna autoridad que pueda parar el daño. De las campañas de reforestación solamente se ríen porque durante años han vivido la farsa de recibir las plantas cuando las lluvias ya se están retirando y entonces hacen como que las siembran mientras el gobierno las hace crecer, sólo en el papel. En la cabeza de estos campesinos no les cabe la idea de que los estudiados del gobierno puedan pensar que es mejor reforestar que cuidar lo que ya está.

Sin embargo o por esa situación de descrédito en que han caído las autoridades ambientales, se ha dado el caso poco habitual de que en un debate sobre el quehacer para detener la deforestación, haya ganado, en el seno del Consejo Municipal de Desarrollo Rural Sustentable de éste municipio, la propuesta de insistir por la vía legal para que las autoridades cumplan con su obligación y vigilar y sancionar a los delincuentes.

En su sesión ordinaria del mes de marzo, los miembros del consejo acordaron enviar a la presidencia de la república una denuncia contra la actitud irresponsable de las autoridades federales que están para cuidar el bosque pero que se coluden con los talamontes.

El oficio de los representantes de los sectores productivos del municipio señala el grave daño que está sufriendo el recurso forestal cuya desaparición está cambiando el clima, y el riesgo mayor para las ciudades costeras por la escasez de agua que ya se está viviendo.

Demandan al presidente de la república una acción urgente para detener la tala ilegal. Denuncian que ni la Profepa ni la Semarnat cumplen con su tarea.

En su escrito los consejeros de Zihuatanejo hacen recuento de los hechos de violencia que se han vivido en otros municipios que comparten la Sierra Madre del Sur, y previenen sobre el riesgo de que también en la cuenca del río Ixtapa se produzcan acciones que agraven más la situación violenta que de por sí se está viviendo.

Por último, solicitan al gobierno federal que apoye a los campesinos dueños del bosque, financiándoles proyectos productivos sustentables o pagándoles los servicios ambientales que prestan, pues consideran que resulta relativamente fácil convencer a un campesino sobre las ventajas económicas que tiene cuidar el bosque por la riqueza biológica que entraña, siempre superior al pago que pude recibir por la venta de su madera.

En la discusión que precedió al acuerdo se comentó la situación de emergencia ambiental que se vivió hace algunas semanas en la capital del estado, provocada por los incendios incontrolados de los cerros que rodean Chilpancingo.

Más de uno de los consejeros mostró su irritación ante la falta de eficacia de la Semarnat y Protección Civil, para combatir el incendio, y no daban crédito al hecho de que la Semaren se haya dedicado a medir el grado de contaminación por el humo, antes de combatir la raíz el problema.

Ahora el consejo espera la respuesta del Ejecutivo Federal en esa actitud de acudir a la última instancia.

 

LA CRISIS ECONÓMICA GLOBAL Y EL PROCESO ELECTORAL Mayo 18, 2009

Archivado en: Politica — silver99 @ 4:18 pm


Silvestre Pacheco León

Dicen que es consuelo de tontos fijarse en los males ajenos para aligerar los propios, pero la realidad de Guerrero es tan grave y compleja que no tiene asideros que nos consuelen.

Estamos de veras mal, y para colmo hay elecciones. Ni siquiera el escape de los distractores tradicionales en los programas de  radio y   televisión está a nuestro alcance, porque las costosas campañas electorales han saturado la programación con anuncios y comerciales que sólo enfadan y aturden a quien les pone atención.

Los problemas en el estado se han conjuntado tan peligrosamente que, como dice Muñoz Ledo del país, aquí “puede pasar cualquier cosa”.

Desde luego que en ése riesgo de lo que puede pasar, ni el gobierno, ni los partidos están exentos, porque todos forman parte del complejo mal que con mayor crudeza viven los pobres.

Si con la crisis global del capitalismo, desatada por “la avaricia de Wall Street” el consuelo que nos quedaba era que el efecto poco daño causaría a nuestra economía local que no exporta más que mano de obra. Se confiaba en que el turismo seguiría subsidiando a los demás sectores, gracias a las ventajas que los norteamericanos paseadores tendrían con la devaluación del peso para visitar nuestro país.

Pero como todos hemos visto, la epidemia de la influenza vino a pegarnos en la única parte sana de la economía, provocando un daño fatal, traducido en desempleo, en mayor pobreza, depresión y suicidios. Con el agravante de que ahora la invasión del virus A/H1N1 se constituye  en un riesgo descomunal para la población de Guerrero, que no se detendrá con la advertencia que ha hecho el Ejecutivo estatal en el sentido de que el gobierno no cuenta con recursos para enfrentar la epidemia.

Parece novela de terror, pero el hecho es que por la falta de energía oficial en las acciones preventivas contra el virus, en la sociedad guerrerense empezó a dominar la idea de que la epidemia era una farsa, una cortina de humo para ocultar hechos bastante más serios que la influenza. Así, en ése ambiente empezamos a ser víctimas de las infecciones que, desde Acapulco, por efecto de los turistas, ha empezado a extenderse atacando ya a regiones donde la pobreza dominante puede ser el mejor caldo de cultivo para la proliferación del mal.

Si ya de por sí los pleitos internos de los partidos crecieron hasta el hartazgo en el ánimo de la sociedad, las recientes revelaciones escritas de Carlos Ahumada, dando nombre y apellido de quienes integran la mafia que controla al país. Esto reiterado por las declaraciones de Miguel de la Madrid, respecto del capo mayor, la mejor actitud de los electores será alejarse aún más de los partidos y de los políticos profesionales, como una medida necesaria para mantener la salud mental y la cordura.

Si ya el analista político, Ciro Gómez Leyva, aventuró que la participación electoral será de apenas el 40 por ciento, como resultado de las últimas encuestas, nadie podrá estar pensando que el dato se revertirá después de las estridencias de Derecho de réplica y las declaraciones que hizo a Carmen Aristegui, el presidente de la Renovación Moral.

En la vida local, a todo el complejo nacional, debemos agregar el ambiente que se ha creado con la desaparición, ya no de tantos levantados del pueblo raso, sino de dirigentes políticos cuyo paradero no se investiga ni por la presión de las organizaciones ni por el parentesco partidista que guardan con el poder. La entrevista al Comandante Ramiro, líder del ERPI, y sus declaraciones que vinculan al gobierno con el crimen organizado, con todo y lo fuertes que resultan, no han logrado distraer de su preocupación principal a la mayoría de las familias guerrerenses que están siendo afectadas directamente por la crisis económica.

Si ahora los candidatos a diputados quisieran de veras revertir la marcada tendencia al abstencionismo pensando en paliativos para que los electores volteen a verlos, están a tiempo de iniciar amplias campañas entregando comida a las familias pobres de sus distritos. Las comidas comunitarias para la convivencia social, tendrían mayor impacto que los tradicionales mítines y discursos gastados en ésta época de hambre.

Parece duro decirlo pero sólo los políticos que se crean su propia realidad para estar bien con su conciencia, ignoran lo que pasa hoy en la mayoría de las familias donde el ingreso disminuyó drásticamente por el desempleo, y el poder adquisitivo del salario se hizo polvo.

El viernes tuve la oportunidad de participar en un evento multitudinario. Cientos de mujeres reunidas en un hotel de Ixtapa, algunas con niños en los brazos, otras enfermas de gripe, pero la mayoría convocadas por su propia necesidad de recibir un apoyo económico, en la falsa creencia de que el gobierno tiene dinero a manos llenas para atender tantas penurias.

Escuché muchas participaciones, lo mismo de maestras que de comerciantas y amas de casas. Mujeres todas que están al frente de sus familias y son el sostén de hijos. Ellas no saben el origen de la crisis y quizá ni les interesa conocer las explicaciones que los teóricos dan. Que les va a importar si a esos economistas les preocupaban los pobres o si para ellos el mercado lo resolvía todo.

Si algunos de los familiares de estas mujeres retornaron de Estados Unidos repelidos por la crisis, quizá sepan que sus bienes se redujeron a la mitad de su valor, pero no tiene por qué importarles si “ los rasgos esenciales del capitalismo son que todas las transacciones económicas se realicen en los mercados y que sea el beneficio individual, y la propiedad privada lo común del sistema dominante”.

A doña Inés le preocupa que el costo del dinero sea tan alto y los plazos de pago tan cortos. Ella como cientos de mujeres el único acceso que tiene al crédito es de Compartamos o Finsol. Su negocio de venta de zapatos en el que se autoemplea, fracasó. Sus clientes no pagan y ella ha tenido que recurrir al usurero para pagar sus deudas. Crédito, más caro, para pagar deudas.

De las mujeres presentes, ya lo dije, la mayoría eran jefas de familia y también autoempleadas. Pero la crisis se les vino encima de pronto. No saben por qué y ni les importa si el problema que viven es global. Les preocupa el hecho que señala el economista Bengalí, Amartya Sen, en un artículo publicado en Letras Libres del mes de mayo. “Si el desempleo se incrementa severamente por culpa de malas circunstancias económicas o malas políticas públicas, el mercado no volvería a crear, por sí mismo, los ingresos de los que han perdido sus trabajos”.

Precisamente estas mujeres de las que hablo, ya han perdido sus trabajos, muchas no lo saben, pero el descenso en sus ventas así lo indica, aunque ellas se ocupen empeñosas, cada día están perdiendo.

Si, como sucede en la mayoría de los casos, estas mujeres han podido autoemplearse con un puntero producto del crédito usurero, no sólo estoy hablando de que han perdido su empleo, sino que están frente a deudas individuales impagables.

Dice Amartya Sen, que  para el economista, Adam Smith, las consecuencias del desempleo, sin la intervención eficaz  del Estado, eran buscar la subsistencia pidiendo limosnas o aún perpetrar acciones impensable, o de plano, morir de hambre.

Cuando en la reunión establecí la diferencia entre un subsidio y un préstamo, las mujeres asumían como demanda lo mínimo, apenas un crédito con intereses blandos y a largo plazo; también manifestaron que necesitaban capacitación para actuar con mayor certeza en este mundo tan complejo. Eso en el sector de las mujeres que se autoemplean. Las amas de casa y las empleadas tienen también sus propias demandas.

Mi deseo ante esta realidad amenazante, es que los candidatos a diputados se acerquen a los electores con propuestas que vayan a la raíz del problema. Creo que debe pensarse en soluciones inmediatas, a mediano y largo plazo. Si lo hacen así se dirá que están empleando la política con el ánimo de resolver problemas, porque los ciudadanos ya saben distinguir entre las propuestas que buscan ayudar y las demagógicas que quieren engañar.

 

EN EL DIA INTERNACIONAL DE LAS AVES Mayo 11, 2009

Archivado en: Seguridad — silver99 @ 3:05 pm


Silvestre Pacheco León

Así, el combate decisivo contra el hombre de hierro es el que se libra en los trópicos.

El futuro de nuestra especie depende de la gran batalla que se disputa en el Sur, tanto el simbólico como el geográfico” A. Bartra.

De tarde en tarde, Palmira y yo cargamos nuestros arreos y salimos presurosos de la casa para aprovechar la última luz del día en el Paraíso, trabajando para reponer una parte de bosque, un minúsculo pero valioso bosque de robles y cedros que será nuestro aporte para borrar la huella ambiental que hemos producido a lo largo de nuestras vidas.

Son apenas unos metros de tierra negra, requemada por el sol y el fuego, donde antes hubo bosque y después devino potrero, pastizal, lote baldío, pero sigue siendo un paraíso que el viento marino mantiene fresco.

En años pasados, mientras el terreno permaneció baldío, quisimos aprovechar el temporal de lluvias para sembrar y crecer los árboles, pero en el primer intento sucumbieron al fuego de un incendio provocado por vecinos que así limpian el suelo, en la idea de que la vegetación, como los animales silvestres, son obstáculos para la vida, que conviene borrar de su entorno.

Todavía después de cercado nuestro patio, uno de los sucesivos incendios iniciado en el terreno vecino, casi da cuenta de los postes y de la cerca. La mayoría de los matorrales que nacieron y crecieron libres durante las lluvias, fueron por enésima vez sacrificados.

La  buena noticia es que algunos de los robles sembrados el año pasado lograron sobrevivir y crecer junto a los ciruelos cimarrones que han creado las defensas suficientes contra la lumbre. En el nacimiento de nuestro bosque, junto a los robles que darán flores lilas, crecen los cacahuananches, cuahulotes, parotillas y tepehuajes. Hasta un limón, nacido entre las piedras y por ellas protegido, ha dado cuenta de sus primeros frutos que, amarillos, tapizaron el suelo. Los últimos que han muerto son, una pumarrosa y un guayacán. La primera traída del vivero de Felipe Arreaga allá en la sierra de Petatlán, y el segundo, un regalo de Elías Barreto, petatleco a quien se debe la recuperación de éste arbusto que crece en la playa, en peligro de extinción.

El terreno ocupa la cima de un lomerío suave, elevado unos 20 metros sobre el nivel del mar. Desde allí se domina la extensa planicie costera, cubierta por el tapiz esmeralda que forman las huertas de palma y de mango. Entre ellas resaltan algunos claros que son potreros de pastos siempre verdes. El mugido de las vacas y el bramido de los becerros a veces se confunden con los gritos de los muchachos que se encargan de cuidarlos.

Al fondo, como si fuera un muro conteniendo el desbordante avance de los palmares, se divisa la playa de la bahía de Potosí. Le sigue un listón azul turquesa de mar que en el horizonte se confunde con el cielo.

En el océano sobresalen los enormes morros areniscos, casi blancos, formados como prolongación del cerro del Huamilule, ubicado entre la laguna de Potosí y el mar. A la distancia me parecen elefantes que cruzan un lago en la sabana.

Todo eso diviso al sur, porque si volteo al norte, veo el acceso al Paraíso, que así se llama la colonia donde crece mi bosque. Puesto de espaldas al mar, veo el camino de terracería que desde la carretera nacional va bordeando la laguna Caña de Agua. Por las tardes no es raro encontrarse grupos de pescadores, cuidándose unos a otros de los cocodrilos, mientras lanzan sus atarrayas con más empeño que suerte, buscando camarón, y peces de escama, ahora que el cuerpo de agua casi se termina de evaporar.

Las bandadas de patos de Canadá ya han pasado por aquí en su largo peregrinar hacia el Sur. Ahora son las garzas de patas amarillas las que pescan y descansan junto a uno que otro caballo que pasta en la orilla de la laguna. Por éste lado también hay huertas, la mayoría de mango porque la zona más fértil y húmeda de la costa se destinó de tiempo para los cocoteros. Más adelante y siempre subiendo la vista, nos topamos con las primeros cerros como estribaciones de la Sierra Madre del Sur. A sus pies los enormes zacatales de los potreros pintan de café claro el paisaje, mientras que una selva de árboles y arbustos, ya sin hojas, ponen el color plomizo de sus tallos para resistir la resequedad del ambiente.

Este ambiente lo disfrutamos de tarde en tarde mientras regamos los árboles que necesitan el agua, al menos dos litros diarios para no morir. Una parte la llevamos desde nuestra casa, para la otra nos servimos de un diminuto ojo de agua que nace en uno de los pliegues del lomerío. Mientras se junta suficiente agua para acarrearla hasta el pie de cada árbol, Palmira y yo nos damos a la lectura, mecidos en la infaltable hamaca que, sin protestar, sostienen las ramas de un cacahuananche añoso que, justo ahora, empieza a reverdecer.

El terreno ahora está preparado para que ante un eventual incendio nuestro bosque no sufra merma. Hemos hecho una guardarraya por toda la cerca, y amontonado la materia seca, lejos de cada árbol. A los vecinos les hemos explicado la razón de no quemar, para proteger la capa vegetal que cubre lo nutritivo del suelo que da vida a las plantas. Algunos entienden.

El manantial es fuente de vida. A él acude toda clase de animales en el día, y seguramente también por la noche. Prefieren esta agua que es dulce a la de la laguna, que es salobre.

Una tarde, mientras veía cómo volaban asustadas las palomas barranqueñas, calandrias y primaveras, alejándose de las personas que pasan con frecuencia  por el ojo de agua, decidí ponerles un bebedero en la cima. Después de una semana que me ausenté, miré satisfecho que muchos pájaros descubrieron el agua, de tal manera que por las tardes se dan cita aquí. Es un concierto de cantos. Aves diversas llegan al lugar para beber.

En una sola tarde he identificado a más de 10 especies diferentes y ya he tenido el privilegio de conocer el zenzontle, pájaro que rara vez escuchaba, siempre lejano, confundiéndome con sus tonos diferentes. En un mes escuché tres veces su canto, y una tarde por fin lo conocí. Se posó entre el breñal de la cerca. Lo supe por su canto. Estaba justo en dirección de donde el sol se ponía. Tuve tiempo de llegar a la hamaca, tomar mis binoculares y acercar el pájaro a mis ojos. Su tamaño es el de una primavera, y hasta tiene el mismo tono plomizo en sus alas. Todo el pecho es de un color entre café y rojo hasta el pico, un poco ganchudo, y cola delgada. Estuvo quieto unos momentos. Después voló y se perdió a lo lejos.

Por las tardes llegan al agua las huilotas, siempre en pareja con su batir de alas tan peculiar, como un ligero rose de violín, y su canto gutural. Se ven tan limpias y delicadas en su color café, con patas y picos rosados. Su vuelo es rápido y siempre en línea recta.

La otra tarde pude ver una paloma barranqueña, sóla, casi blanca y también delicada. Llegó hasta el ciruelo y se estuvo quieta hasta que me descubrió. Siempre la escucho cantar   cu –cu – cu entre lo espeso del bosque.

Las calandrias de negro y amarillo chillante lo hacen en parvadas de seis o siete, alegres y bullangueras. Buscan las flores que ahora escasean, y también los animales minúsculos. Los luises son los que más abundan, y están aquí todo el tiempo. Hay quienes los conocen como Portujueces y su canto en las casas es señal de que tendrán noticias o visitas. Viéndolos con detenimiento, uno puede admirar sus detalles. Si sus alas son plomizas y el pecho amarillo, de su pico se prolongan sendas rayas negras que rodean la cabeza. Mientras avanzan dejan lugar a una línea blanquísima que les da una figura señorial mientras cantan con presunción, siempre en las puntas de las ramas.

Las conguchas que también andan en par y caminan juntas por el suelo, sólo de apariencia son mansas, saben que su color se confunde con el rastrojo y caminan con pasos menudos pero a prisa para perderse de vista en un parpadeo. Cuando vuelan, asustan por verse descubiertas.

Los cardenales son pájaros pequeños pero llamativos por su color rojo encendido y su copete café. Dicen que viéndolos dan suerte, pero no abundan, por eso los suertudos escasean.

Los colibríes son grandes y chicos, también de colores diversos. Son inconfundibles por la rapidez con que mueven sus alas y el equilibrio que guardan mientras liban la miel de las flores. Un negro tornasolado con las puntas de la cola en color blanco fue la sensación, igual que uno casi anaranjado con alas cafés. Quizá por aquí tengan un nido. Ellos llegan todas las tardes, vuelan frente a la hamaca entre curiosos y desconfiados.

Pardeando la tarde llega una pichacua, ése pájaro de regular tamaño que se asienta en los caminos y espanta, con sus ojos como tizones, de vuelo enérgico en sube y baja. También lo pude observar largamente posado en el ciruelo. Es de color gris o graniso y de pico ganchudo, con alas grandes y delgadas que al desplegarse muestran sendas manchas blancas.

Ahora los dos ciruelos están llenos de frutos, a cual más maduro. Dan ciruelas anaranjadas y rojas, ácidas pero jugosas, para calmar la sed.

Si el manantial se mantiene vivo lo que resta de la primavera, los árboles pequeños sobrevivirán, hasta que llegue la temporada de lluvias. Al año siguiente sus raíces habrán crecido tanto que serán autosuficientes. Eso esperamos.