Silvestre Pacheco León.-Zihuatanejo Guerrero

Politologo, Ambientalista, Periodista… Contacto: leonblog@riseup.net

FELIPE ARREAGA SANCHEZ Septiembre 21, 2009

Archivado en: Ecologia, Sociedad — silver99 @ 4:55 pm

FELIPE ARREAGA SANCHEZ

Silvestre Pacheco León

Cuando me enteraron de tu muerte pensé que era un mal sueño. Tu no debías morir, y menos de una muerte tan estúpida, en la carretera nacional, víctima de la prisa con la que los choferes de las combis se quieren sobreponer a su miserable salario.

Mira que venirte a morir en el mero día de la independencia, justo cuando falta un año del inicio de la verdadera revolución, y te vas, así, de repente. Tu que como don Vicente Guerrero, sobreviviste mil peripecias, caíste del golpe seco y contundente para el que nadie está preparado. La combi que te envistió en su carrera para ganar el pasaje allá en Petatlán, iba repleta de estudiantes que acudían al desfile. Mira si no va a impactar tu muerte, si ellos que fueron tu principal preocupación en las pláticas sobre el cuidado del ambiente, te vieron caer de la cuatrimoto en ése accidente aparatoso, sin poderte auxiliar en ésa lucha en la que sólo tu fortaleza física te dio unos  minutos más de vida.

Celsa, tu inseparable mujer y compañera, te esperaba en la casa, como siempre, lista para subir a la sierra en labor casi pastoral de sembrar árboles y predicar a favor de la naturaleza. Quizá otra hubiera sido la historia si esa mañana ella te hubiera acompañado a la gasolinera como querías, pero se entretenía arreglando los detalles para que nada faltara allá arriba, en el Zapotillal.

La noche anterior hacías cuentas de los cuatro años cumplidos desde tu salida de la cárcel de Zihuatanejo, cuando una acusación falsa te arrebató diez largos meses de vida que te pasaste encerrado. Desde entonces, contabas cada día  como si fuera el último que ibas a vivir. “Ya cumplí cuatro años, a ver que me depara Dios de aquí para adelante” me confió Celsa que le dijiste la noche anterior a tu muerte.

Tu creencia de que cada quien tiene escrito el tiempo que va a durar en el mundo, te daba cierta seguridad y no menos audacia para vivirlo. Si te habías salvado de las amenazas de muerte de Figueroa el viejo, cuando muchacho tu, te le enfrentaste en la exigencia de que atendiera las peticiones campesinas para proteger el bosque del ejido Fresnos de Puerto Rico, en tu calidad de presidente del comisariado; si te impusiste con tu prédica de perdonar las ofensas y muertes de numerosas familias serranas para que reinara la paz cuando sólo las armas era el medio y remedio de sobrevivencia, cuantimás, ibas a salir airoso del “juicio popular” al que te sometieron quienes en tu región buscan el cambio social por la vía violenta. Era tu fortaleza espiritual que con Celsa se duplicaba, lo que sacó avantes a los dos aquella noche oscura, en la que para mayor ofensa contra ti, los hicieron cargar las mochilas guerrilleras, después de sacarlos violentamente de su casa. Ganó tu postura de coincidir en los fines pero disentir en los métodos, porque hasta el final sostuviste que el fin no justifica los medios. Eso te hizo crecer en respeto, hasta de quienes no te querían.

Si no vacilaste en secundar la lucha regional contra el saqueo de madera cuando gobernaba el segundo Figueroa, menos lo  ibas a hacer cuando la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y de Coyuca de Catalán, requirieron de tu guía. Luchaste hasta el cansancio, y todo el sacrificio de vivir escondiéndote el tiempo que duró la persecución, tuvo su fruto, un fruto venturoso porque hasta entonces, tu compañera, que sólo participaba apoyándote como sostén de la familia, de pronto hizo causa común de tus anhelos y creó, ella misma a la cabeza, la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra, cuando el acuerdo de cambiar su residencia, los llevó a mudarse a la cuenca del río Petatlán, la zona más pobre del municipio pero también la de mayor tradición organizativa. El pueblo les dio cobijo y protección cuando el ejército te perseguía.  Celsa lo recuerda a menudo, cuando platica de la irrupción de las mujeres en la lucha ambiental. Te has de acordar que muy a regañadientes conviniste con ella en que ambos se alejarían de la lucha social para dedicarse exclusivamente a la familia y ver por la educación de los hijos. “Al cabo nadie agradece ni reconoce lo que uno hace para el bien de la gente” –sentenciaba tu mujer-.

Poco tiempo pasó de tranquilidad en tu hogar cuando en menos de que canta un gallo ya estaban los dos enfrentando problemas de la comunidad. La organización de las mujeres apenas empezando el nuevo siglo, fue la consecuencia, el campo estaba fértil. Si de por sí, cuando la lucha se volvía más feroz, los hombres eran los primeros en huir con el pretexto de que no pueden andar por el monte, escondiéndose, llevando consigo a mujeres y niños. En los pueblos se necesitaba más que resignación para enfrentar la llegada del “gobierno” que era sinónimo de, susto, maltrato, vejaciones, amenazas y robos contra el resto de la familia.

¿Recuerdas que en el  2005, Celsa fue la que te sacó de la cárcel, porque se lo propuso, porque como toda mujer de convicciones, movió cielo y tierra para reunir las pruebas de tu inocencia? Ella más que nadie sabía del accidente que te dejó postrado cuando la Procuraduría, coludida con los talamontes pretendió tomar venganza contra los ecologistas, fabricándote el delito de homicidio con el que te acusaban.

Tu que tomaste desde joven la causa de la paz, renunciando a la venganza legítima contra quienes mataron a tus padres, fuiste víctima  de una acusación atroz a finales del 2005. Entonces sucedió igual, también en la carretera te detuvieron los judiciales, cargaste con la culpa de otros, y nunca te rajaste. Quizá fue tu serena actitud de aceptar todo con buena cara lo que te ayudó para que mucha gente en el mundo conociera tu trabajo a favor del bosque. Fueron cientos las cartas de apoyo que recibimos, en todos los idiomas, con el lenguaje común de la solidaridad. En la cárcel hubo desfile de personalidades visitándote. Te has de acordar del diputado de la Unión Europea quien indignado por la injusticia que te hizo víctima, se empeñaba en sacarte él mismo por la puerta de los visitantes. Hasta el ambiente de los presos cambió para bien cuando fuiste su compañero, pues no desperdiciaste ni un día en defender sus derechos, hacer amigos, y mediar en conflictos. Lo mismo ayudaste a que se les reconociera su derecho al  agua, como a la atención médica como parte de sus derechos humanos. Todavía recuerdo cuando intentaste reunir a todos los presos para hablarles del daño ambiental que sufre el planeta. El director no lo podía creer y tampoco se pudo negar.

Los reconocimientos nacionales e internacionales que recibiste nunca te cambiaron, y contrariamente a lo que haría cualquiera, tu pedías que no se hablara mucho de eso porque a lo mejor la gente pensaba que se trataba de dinero, y eso era lo que menos tenías.

Estuvo bien que hubieras desdeñado la invitación de Fox  en el día mundial del medio ambiente, en el último año de su gobierno. En cambio, recibiste complacido el reconocimiento que te igualaba con el campesino defensor del Amazonas brasileño, Chico Mendes, otorgado por la poderosa organización ambientalista Sierra Club. La medalla Sergio Mendez Arceo también fue un reconocimiento merecido.

Cómo no te iba a querer la vida si en la propia cárcel te hiciste amigo de uno de los matones que participó en la cadena de asesinatos que se desató con la muerte de nuestra amiga, Digna Ochoa. Por eso duele tu muerte atroz, de repente.

Mientras  ésa mañana fatídica pedías que te ayudaran a levantarte cuando morías desangrándote, la noticia llegó hasta tu casa del Barrozal. ¡Mataron a Felipe! Gritaban dando la noticia. Tu mujer y tus hijas se aturdieron, no sabían qué hacer pensando que te habían asesinado. Ya repuestas corrieron a levantarte, pero fue inútil porque tu vida quedó en manos de los servicios médicos más inútiles de la Costa. Sin poderte atender en Petatlán, te llevaron hasta Zihuatanejo, regando con tu sangre el camino. Allí te moriste.

Nadie está preparado para morirse y menos para recibir esa noticia cuando afecta a un ser querido. Celsa lo confiesa. Dadas las circunstancias del ambiente en el que vivían, siempre pensó que llegada la hora estaría preparada. Pero no. Está deshecha y con el enorme compromiso de mostrar fortaleza frente a tus hijas que te vieron salir y  no volverán a verte más.

Nos harás falta, Felipe, Compañero. Amigo.

 

POR LA RUTA NORTE DEL BICENTENARIO Septiembre 21, 2009

Archivado en: Ecologia — silver99 @ 4:52 pm

Silvestre Pacheco León

Segunda y Última Parte

Cuando llegamos a San Luis Potosí eran las cinco de la tarde. Su alameda sombreada nos sedujo para caminarla, de manera que modificamos el plan original de llegar ése día a Matehuala,  rumbo a Monterrey, y  mientras nos orientábamos para encontrar el restaurante más recomendado, admiramos los bellos edificios de cantera del Centro Histórico. San Luis es una capital de muchas iglesias, cada una tiene su plaza, aparte del atrio, amplias y vistosas. Son construcciones imponentes frente a la humildad de sus feligreses. Más al norte no hay otra capital similar. Ni siquiera Monterrey tiene templos del rito católico que sean o hayan sido tan ostentosos.

En todo el viaje aprovechamos el servicio de turibus o tranvía, que permite, echar un vistazo rápido por lo más interesante de la ciudad, pero en San Luis, el guía no tiene par, ni siquiera en el DF hay quien lo iguale. Don Eduardo Castillo nos sorprendió de veras con su amabilidad e información. Durante el recorrido por la ciudad entabla una relación casi personal con los turistas y es que, en efecto, don Eduardo es toda una institución en la capital de su estado, de manera que el servicio que presta resulta digno de copiarse, es un verdadero anfitrión. Es de los pocos concesionarios de un servicio público que deja satisfechos a todos sus clientes.

En el primer cuadro de la ciudad se conserva y presume del lugar donde don Francisco Madero redactò y promulgó el Plan de San Luis, con el cual diò inicio la revoluciòn. Tambièn conocimos el último lugar de residencia que tuvo la Corte que acompañó a don Benito Juárez durante su presidencia itinerante.

Viviendo la riqueza de información que uno puede adquirir con un simple paseo de 30 pesos, alabo la iniciativa que han tenido las autoridades de Durango que promocionaron recorridos gratuitos para toda la población en éste verano, lástima que siempre resulte insuficiente la oferta de espacios en los tranvías para tantos habitantes interesados. Nosotros que dispusimos de toda una tarde para el recorrido, nos quedamos con las ganas porque las colas eran larguísimas.

Desde aquí y hasta Chihuahua, las grandes cadenas comerciales imponen su fuerza y su sello. Con el mismo servicio de la franquicia que en Guerrero acapara a los espacios comerciales de las gasolineras, en el norte la moda del servicio con aire acondicionado y abierto las 24 horas del día llegó para quedarse.

Dejamos San Luis un domingo al medio día y no comimos sino hasta llegar a la ciudad regia, donde parece que esperaban nuestra llegada, pues el recibimiento no pudo ser mejor con el platillo característico de Nuevo León. A base de Cabrito, tortillas de harina y huevo machacado, hasta el calor infernal de la ciudad se nos hizo aceptable.

Como era forzoso conocer la macroplaza, el parque Fundidora y el paseo de Santa Lucía, en lancha, por un canal artificial, la alta temperatura que alcanzaba los 35 grados nos obligó de plano a buscar el confort de Chipinque, el hermoso parque ecológico en las faldas de la sierra, con su bosque de pinos, liquidambars y encinos. No dejamos de visitar las grutas de García, en la aridez de la montaña desértica,en el municipio del mismo nombre, donde el sofocante calor de la caminata se ve recompensado por un viento fresco venido quien sabe de dónde, que seca el sudor y revitaliza. Pero como eso tampoco sació nuestra sed de frecura, llegamos hasta la cascada de la Cola de Caballo, en la misma sierra de Chipinque, pero rumbo a Nuevo Laredo, pasando por el azul embalse de la presa del Cuchillo, en el municipio de China.

En el verano los gobiernos de los estados tienen programas para la recreación, la cultura y el deporte de sus gobernados. Unos más aplicados de que otros, pero todos muestran en eso, su propio grado de desarrollo o su interés por la sociedad a la que sirven.

Hay promociones en todas partes para que sus habitantes se acerquen a los museos. Los cursos de verano son los más socorridos para que los padres tengan manera de entretener a los hijos, sin importarles tanto lo que aprenderán ni si será divertido el entretenimiento o el deporte.

En Monterrey la oferta cultural es de una gran urbe. Los museos abiertos y con días gratuitos para la población. El Festival de Teatro Nuevo León, Teatro a una sola Voz, no nos lo perdimos ni un solo día. Con entradas económicas, alienta a la población para acercarse a la cultura.

En Saltillo, en éste año el gobierno de Coahuila organizó un festival por el 432 aniversario de la ciudad. Toda una semana de eventos, música, cine, teatro, exposiciones, feria de libros, cabalgata, sesión solemne y pública de Cabildo. En el palacio de gobierno, un edificio estilo colonial, impecablemente limpio, se montó una exposición que realza los eventos históricos más importantes que se sucedieron en el estado. Las encargadas de atender al público, todas mujeres, amables y atentas, hacen más atractivo el recorrido.

En Zacatecas el entretenimiento popular corre a cargo de las compañias de payasos que diariamente se hacen cargo de cientos de personas, principalmente jóvenes, que desde temprano ocupan las gradas de una de las plazas del centro para escuchar chistes trillados y participar en juegos que las televisoras han puesto de moda.

Dejamos Monterrey sin poder encontrar una manera fácil de describir la ciudad, pues siendo moderna, no ha podido borrar su pasado provinciano. Sus barrios viejos permanecen, sucios, bulliciosos y populosos. La riqueza se exhibe sin pudor frente a la pobreza. Los altos, imponentes y modernos edificios corporativos no ocultan las colonias marginadas. La gente vive sus diferencias sociales de manera resignada. Los ricos no parecen tener temor de los pobres ni éstos envidia por lo que no tienen.

Igual, carecen de agua  y las lluvias son escasas, pero cuando llueve la ciudad se inunda.

El mejor sabor de boca, en lo que a la cultura toca, nos lo dejó la convivencia con los héroes  de la Independencia y la Revolución. el recorrido histórico que nos ofrecieron los actores de teatro callejero en Chihuahua, ciudad engalanada por el 300 aniversario de su fundación, 200 de  la independencia y 100 de la revolución.

La compañía de teatro callejero que tiene concesionado el servicio del turibús y el recorrido guiado lo hace con un profesionalismo tal, que debería ser copiado para fomentar la enseñanza de la historia patria en todo el país.

La cita para el recorrido es frente a la catedral.  Allí, a un llamado, acudimos todos los invitados formando un círculo en lo que calculan que es el centro mismo de la plaza.

Mientras nos dan la información general sobre el recorrido, se acerca hasta nosotros un joven y noble caballero vestido a la usanza  de la época colonial que se presentó como el fundador de la ciudad, Antonio Iza y Ulloa quien luego de informarnos los pormenores de la decisión que tomó para el asiento de Chihuahua, nos invita a visitar a los personajes importantes que dejaron alguna huella en la ciudad.

En seguida los invitados abordamos el tranvía que nos lleva precisamente a la parte del palacio de gobierno donde el cura Miguel Hidalgo fue sacrificado después de su derrota y aprehensión en 1811. Entre nosotros va un niño, quizá de 5 años, regordete y consentido a quien sus papás dejan hacer.

Cuando llegamos a la altar, el cura está de pié frente a nosotros. De espaldas y también de pie, un clérigo con la capucha de su hábito puesta, representando al santo tribunal, permanece inmóvil. De pronto los dos personajes cobran vida ante el azoro de quienes permanecían distraidos. En representación de la iglesia el religioso comienza a interrogar al cura acerca de las motivaciones que tuvo para alterar y revolucionar el orden colonial, contraviniendo las normas de la iglesia. El cura hace una explicación clara y convincente sobre la realidad social a la que había que enfrentar con medidas de cambio y que su papel fue siempre guiado por su profundo amor a sus semejantes, de ahí que los hubiera convocado a levantarse sin pensar en poner en riesgo el papel de la iglesia. A mitad de interrogatorio, el chamaco impertinente, sentado en las escalinatas le grita a su papá, después de un ruidoso botezo, que tenía hambre, que cuándo iban a comer. Eso quitó solemnidad al momento pero al final el profesionalismo de los actores se impuso y para todos quedó claro que a la confesión del cura siguió su condena y luego el fusilamiento que culminó con su degollamiento y posterior exhibición de su cabeza junto a la de otros insignes conspiradores.

Después fuimos invitados de don Benito Juárez en la casa que habitó durante su presidencia itinerante. Nos habló de su niñez  en el mundo de los zapotecas, de sus estudios y de sus afanes republicanos.

Más adelante y siempre guiados por el fundador de la ciudad nos sucedió lo inesperado: en un alto del tranvía, se presentò ante nosotros nada menos que la Adelita de la revolución. Con su 30-30 en las manos, amenazó a los viajeros y asustò al niño impertinente quien, en adelante, guardó un inteligente comportamiento frente a la bravía mujer. La Adelita Nos dijo que todos deberíamos obedecer su autoridad contra el riesgo de mandarnos fusilar. Nos anunció que la acompañaríamos a visitar nada menos que al general Francisco Villa, quien –dijo- nos esperaba impaciente. Y en efecto, la impaciencia del Centauro era tanta que no tuvimos siquiera que bajar del tranvía. El mismo Doroteo Arango, en persona, vestido a la usanza guerrillera, subió a saludarnos y a platicar con nosotros. Nos dio pormenores de cómo se hizo revolucionario hasta llegar a dirigir la División del Norte, que aún cuando nunca le dieron el status de ejército, en los hechos fue el más temible durante la revolución, formado por una base campesina, jornaleros y oficiales.  Opinó sobre Madero y la traición de Victoriano Huerta; de su relación con Carranza y Obregón y la amistad  que nació con Emiliano Zapata, el Caudillo del Sur, con quien compartía causa y utopías.

Con sólo éste encuentro personal con los hombres que hicieron la historia pátria, valió la pena hacer el viaje por el Norte. ¿Qué no?

PD. En éste viaje también aproveché para conocer la prensa local. Desde luego, El Norte de Chihuahua, el Siglo de Torreón, y la verdad nada que ver con El Sur en cuanto a profesionalismo y profundidad y compromiso social.

 

VUELTA A LA CAÑADA DEL RIO AZUL Agosto 28, 2009

Archivado en: Ecologia — silver99 @ 10:48 pm


Silvestre Pacheco León.

Que el asesinato de Armando Chavarria

no sea uno más de los crímenes impunes,

y que su sacrificio nos llene de coraje

para no callar la demanda de justicia en Guerrero.

Es verde esmeralda el color de sus campos. La lluvia ha repetido el milagro de la vida, después que el sol y la tierra han hecho su parte. Los cultivos crecen en toda la cañada repitiendo el ciclo de la vida.

El maíz sigue predominando en las parcelas, pero también hay sembradíos de cacahuate, sorgo y alfalfa. Los cultivos que no se ven pero se adivinan, son el frijol, la calabaza, sandía. Después de todo, se auguran buenas cosechas y eso tiene en contento a la gente.

Hace apenas quince días la sequía era la noticia. Muchas siembras se malograron, pero la mayoría llegará a buen término. Los pueblos hicieron lo que pudieron. A fuerza de rezos, ruegos y cuetes, cargando en andas a sus respectivos santos y con  el sacrificio del ayuno, saliendo en procesión por los campos, bajo el sol del medio día, su fe tuvo recompesa de humedad..La tristeza y desesperanza se trocó en alegría a partir de la segunda quincena de agosto.

Hace apenas un mes caminé confundido por sus campos tratando de entender el panorama cambiado. Ciertamente el trabajo de la siembra era muestra de retraso porque a excepción del ejido de Tepechicotlán, que tiene el beneficio del riego, y por eso su calendario de siembras no sufre alteraciones, en el resto de la cañada las milpas apenas despuntaban.

Acostumbrado a ver los cultivos desarrollados cuando las fiestas de la Señora Santana en Mochitlán y del Santiago Apostol en Quechultenango, se preparan, en éste año, por esas fechas el campo lucía desolado. Las procesiones de yuntas y yunteros por las calles de los pueblos, que antes daban colorido a estas épocas, quedaron para el recuerdo.

Los clásicos naylos o plásticos multicolores que en el campo se usan como capotes para cubrirse de la lluvia, no se ven más. Será la escasez de lluvia o las ventajas del transporte vehicular que ahora està al alcance de todos, como para ponerse a resguardo ante amenazas de tormenta, pero el caso es que también en esto se nota el cambio. Ni burros ni caballos pastan en los carriles. En su lugar son las “trocas” estacionadas las que llaman la atención.

No miré  yuntas de bueyes en las siembras, ni en las labores de cultivo, pero me llamó la atención la proliferación de bombas aspersoras y también los grandes recipientes plásticos en los que ahora los campesinos preparan los líquidos con los que combaten la hierba y las plagas, llevándose de por medio, chapulines, hormigas, lagartijas, y quien sabe cuántos insectos y animales más.

Don Procopio y doña Lupe, de los pocos campesinos que quedan, platican las novedades que han visto en sus ocho décadas de vida. Él dice que nuevos campesinos no hay, que ahora los que trabajan en el campo “son nomás peones” que trabajan para las grandes empresas comercializadoras de semillas y agroquímicos; que antes los campesinos sembraban y producían su propio alimento, que seleccionaban  las semillas y eran dueños de los insumos. Fabricaban orgánicamente  su propio abono para fertilizar y ellos mismos araban la tierra con sus yuntas. Ahora son flojos quienes trabajan en el campo. Buscan la comodidad, aunque la siembra les cueste lo que no tienen. Puro dinero para tanto químico que se utiliza. Ahora ya ni el tractor ocupan para aflojar la tierra. Siembran sin escardar, atenidos al líquido Matatodo para combatir la maleza. Hasta dos fumigadas dan, y pronto serán tres, porque dice que, o bien el líquido ya no es tan fuerte como antes, o las hierbas se han vuelto más resistentes.

Ambos campesinos hacen recuento de las novedades. Don Procopio asegura que ya casi no hay lagartijas y mucho menos iguanas. No recuerdan haber visto en esta temporada de lluvias los magníficos arcoiris del horizonte. Doña Lupe pregunta si alguien vio las famosas hormigas voladoras que antes anunciaban el principio de las lluvias. Ni las manadas de zanates con su escándalo por las mañanas, dice que se aparecen.

Los campesinos ya no hablan de las semillas criollas que antes ellos mismos seleccionaban, ahora llaman con nombres extraños y números en clave para nombrar las semillas mejorada y sus paquetes tecnológicos respectivos.

Debo confesar que me asusta ver parcelas de maíz tan desarrolladas, altas, gruesas  y uniformes, donde cada mata tiene dos y hasta tres elotes. Las hay de una espiga morada que refulge, y otras de color blanquísimo que contrasta con el verde oscuro de sus hojas y el encendido rojo escarlata de la cabellera que corona a los elotes. ¿A alguien le consta que no estamos ya frente al maíz transgénico?

El caso es que cada vez son menos los campesinos que siembran el maíz pensando en asegurar el sustento de sus familias. Los más piensan en su comercialización, pues las tortillas ahora hay que comprarlas todos los días, ni modo de pensar en cocer el nixtamal que es símbolo de atraso, máxime que éste maíz que cosechan no aguanta más de un día sin acedarse, dicen las mujeres. Por eso casi todos se han acostumbrado a consumir la mala calidad del producto que expenden las tortillerías.

En efecto, la mayor parte del maíz cosechado no se consume en la cuenca. Parte del que se queda sirve como forraje, pues la ganadería se ha incrementado bajo el sistema semiestabulado con la falsa idea de que eso sí es negocio.

Claro que no es consuelo saber que el maíz que ahora se produce no es el que se come localmente, dado el coctel químico que lo hace posible, pero de todas maneras, es la población de la cañada la principal consumidora de los productos de la ganadería cuyos insumos son, mayoritariamente, químicos y transgénicos.

Además de contaminar y esterilizar la tierra con la extensa gama de agroquímicos que utilizan, los campesinos saben que el agua no está exenta del daño, y hasta quizá sea peor en el caso de éste recurso porque la lluvia arrastra consigo todo el nitrato, potasio, sulfato con que los campesino fertilizan cada año, y casi toda el agua que se utiliza para el riego trae adicionado el drenaje de los habitantes que viven en la capital del estado, Petaquillas, Tepechicotlán, Mochitlán y Coatomatitlán, pues, como se sabe, sólo la cabecera municipal de Quechultenango cuenta con una planta de tratamiento de sus aguas residuales.

Pero el daño más grave al medio ambiente es el generado por los residuos llamados urbanos, y que no son otra cosa que los desechos sólidos que producen las familias en su consumo cotidiano. Una foto de un tramo del río Azul, adelante de Colotlipa, que se encuentra en Internet, muestra la grave situación: el agua no puede correr entre los acantilados porque se lo impide el cúmulo de envases plásticos que hacen las veces de represa.

Mientras en el municipio de Quechultenango se hacen esfuerzos para organizar la recolección de los desechos reciclables generados por sus habitantes, aguas arriba, los poblados de la cuenca utilizan el río como basurero, de tal manera que éste municipio, como ningún otro, aparece como si fuera el mayor generador de desechos en el estado, pues debe hacerse cargo de lo que le mandan por las escurrentías, y traen consigo sus vecinos, asiduos visitantes de los balnearios del río Azul.

El mayor volumen de envases plásticos de la cañada se puede ver cubriendo  la superficie del embalse de la presa de Colotlipa, cuyos trabajadores hacen cerros de botellas que deben ser desalojadas de los tanques antes de llegar a las turbinas de la hidroeléctrica.

Mientras lo descrito se agrava cada día para perjuicio de la salud de los habitantes de la cañada del río Azul, las noticias sobre las acciones oficiales no dan lugar al optimismo. El gobierno de Chilpancingo ha tomado la oposición de pobladores de Petaquillas para la instalación de una planta de tratamiento de las aguas residuales en esa localidad, más como justificación para no hacer nada, que como preocupación que aplaza la urgente solución del problema.