Silvestre Pacheco León
En 1990 en la Costa Grande, el municipio de Petatlán era uno de los más importantes desde el punto de vista económico y también en concentración de la población.
El censo de población para ése año registró 18 mil habitantes asentados en más de 300 poblados.
En la cabecera municipal que también se llama Petatlán, eran la feria anual de la Semana Santa, y la festividad del Padre Jesús el 6 de agosto los eventos que atraían a muchos visitantes.
El comercio de la cabecera tenía alcance regional, y hasta la pujante ciudad de Zihuatanejo se abastecía en las tiendas de éste municipio.
La sociedad petatleca estaba claramente dividida entre propietarios del suelo y del comercio, junto con los que dirigían el gobierno y la política, frente al pobrerío, compuesto por jornaleros, campesinos pobres, pescadores.
El poder de facto lo ejercían los propietarios de huertas, los acaparadores de cosechas, los introductores de ganado, los comerciantes.
La política era dominio de los caciques los cuales se encargaban de elegir a los candidatos y el PRI a legitimarlos mediante procedimientos dictados por el gobierno estatal.
En ése ambiente monolítico de partido único, sólo el PPS ocupaba un lugar testimonial en el campo de la izquierda, porque como portadores de esa ideología, se distinguían personas, más que organizaciones.
Apenas 10 años antes el PCM intentaba reclutar militantes para sembrar las primeras células de activistas que trabajaran en la organización. Sin embargo, descontento social y líderes populares abanderando luchas de los desposeídos siempre hubo.
Cuando nacionalmente se produjo el acercamiento de las organizaciones políticas de izquierda que después desembocó en la organización del Frente Democrático Nacional, en Petatlán se realizó la primera reunión regional de militantes del PCM y del Movimiento de Acción Popular, organización derivada del Partido Mexicano de los Trabajadores.
Cuando en 1988 se anunció la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas para la presidencia de la República, el apoyo popular para la iniciativa en toda la costa fue espontáneo, desorganizado pero generalizado. Los ciudadanos vieron en la ruptura del priísmo nacional la oportunidad de superar esa etapa de oscurantismo confiados en la coherencia del cardenismo.
Sólo en Zihuatanejo actuaba una izquierda organizada, moderna pero marginal que orientó como pudo la lucha regional. El grupo de militantes formado en el PMT y luego en el PMS apoyó la lucha cardenista en las municipios vecinos. De hecho sólo en éste municipio se impuso la fuerza organizada de la izquierda al enorme poder del fraude electoral.
En las elecciones federales de julio de 1988 la izquierda organizada de la Costa Grande puso especial énfasis en la educación del electorado para poder votar y en la organización para la defensa de su voto.
Los obstáculos mayores para el triunfo electoral eran el control que el gobierno ejercía sobre el aparato que organizaba las elecciones. El gobierno tenía en sus manos la decisión para nombrar a los representantes de casillas y para el registro de los electores, y hasta él mismo podía determinar el veto o aprobación de los candidatos, fueran del partido que fueran.
Las elecciones federales de 1988 fueron las más participativas de la historia en la región y el fraude fue también el más gigantesco.
En todo el distrito III solamente en Técpan y Zihuatanejo la capacidad organizada de la oposición pudo sobreponerse al fraude preparado por el gobierno.
En el municipio de Petatlán los representantes de partidos que integraban el FDN fueron expulsados de 35 de las 53 casillas instaladas, precisamente en aquellas donde se impuso el candidato oficial, Carlos Salinas de Gortari.
El descontento fue mayúsculo y derivó en la instalación de un plantón frente al palacio municipal el 14 de agosto de ése año, exigiendo respeto al voto popular y castigo ejemplar contra los fraudeadores.
El plantón permaneció a lo largo de 5 meses para empatarlo con la lucha definitiva que se disputaría en la campaña electoral del año siguiente.
Desde su instalación el plantón sirvió como catalizador de las luchas locales y se convirtió en un espacio educador y formativo que alentó y dirigió movimientos reivindicativos de los diversos sectores sociales.
Después de que la cámara de diputados erigida en colegio electoral consumó el fraude con el albazo del 10 de septiembre que reconocí a Salinas de Gortari como presidente electo, los petatlecos enfocaron sus baterías contra la figura del presidente municipal, Antonio Hernández Valdovinos, acusado como responsable del fraude en el municipio y también de desvío de recursos públicos, exigiendo su destitución ante el congreso local.
Durante los meses del plantón, la dirección local del movimiento organizó la presencia de los pobladores por comisarías. Cada una de las 33 que forman la municipalidad, se hizo cargo tanto de las guardias como de los alimentos de cientos de ciudadanos que reforzaban el plantón cada día.
Fueron días intensos de movilizaciones, mítines, marchas, bloqueos, boicots contra comercios, campañas de firmas, entrevistas, comisiones, que antecedieron a la toma del palacio municipal como presión definitiva para lograr la destitución del presidente municipal.
El palacio fue tomado con el amplio apoyo popular, el 30 de noviembre, desalojando a la policía judicial del estado y a la preventiva municipal que lo resguardaban.
El 5 de diciembre la policía judicial y los antimotines del gobierno de José Francisco Ruiz Massieu, desalojaron violentamente el palacio municipal, provocando decenas de heridos, aunque solo fue por unos días porque el pueblo nuevamente recuperó el inmueble para entregarlo formalmente a la comuna de Petatlán, integrada por comisarios municipales y comisariados ejidales, quienes desde entonces comenzaron a gobernar, de hecho, haciendo a un lado al presidente municipal que días después fue relevado del cargo.
En la sierra los campesinos organizaron sus congresos agrarios, los pequeños comerciantes enlistaron una serie de demandas reivindicativas; los precaristas buscaron y encontraron solución a sus demandas de suelo para vivienda mediante la acción directa de la toma de tierras.
Sin embargo, nadie quitó el dedo del renglón respecto a la lucha electoral. Si el pueblo petatleco entendió pronto la importancia de la organización y la valía de las acciones directas, no dejó de lado la demanda del respeto al voto.
Pronto se vino la campaña electoral para renovar el ayuntamiento. El empadronamiento de los ciudadanos fue una labor exitosa y tan masiva que impidió el registro discrecional de los ciudadanos.
Al parejo de la organización de los afiliados, sección por sección electoral, se capacitó a los representantes de casilla y ejerciendo la democracia directa se integró la planilla para el ayuntamiento.
En un congreso municipal, ya con el registro legal que el PMS cedió para la formación del PRD, mediante el voto libre y secreto, se eligieron los candidatos. La campaña electoral inició el 22 de octubre de 1989. Duró 38 días recorriendo todos los poblados del municipio.
En contraparte, el PRI de Ruiz Massieu quiso democratizar su proceso con una elección preliminar que sólo desgastó y dividió más las filas priístas, participando con un candidato desprestigiado que recurriendo a los peores métodos para confundir al electorado, creó la versión local del FDN, negociando con el PPS, el PARM y el PFCRN su apoyo.
Pese a todo, y gracias a la organización y decisión de los electores, el PRD ganó la contienda el 3 de diciembre. Triunfó en 41 casillas con el 61 por ciento de los votos. El PRI ganó en 9 y obtuvo el 37 por ciento de los votos.
En éste que fue el primer triunfo electoral del PRD en la Costa Grande, reconocido como tal por el gobernador el día siguiente, se gestó la constitución de la Cámara Municipal de Representantes, que tenía como propósito ensanchar el gobierno municipal para darle cabida a las representaciones territoriales y a las organizaciones sociales y productivas. Era la continuidad de la comuna municipal que gobernó la etapa previa a las elecciones, la que tomó decisiones para resolver el problema de los caminos que dificultan la comunicación en el campo, y tomó medidas para hacer efectivo el derecho a la educación en el municipio y garantizó el servicio de agua potable, organizando la recolección de basura, el alumbrado público y el transporte para todas las colonias.
La idea de ampliar el espacio de participación ciudadana en el ejercicio del poder se maduró en el proceso mismo de la campaña. Se retomó lo que la misma ley orgánica municipal establece como atribuciones del cabildo y con la idea de que éste pudiera funcionar de manera abierta y permanente para tratar y resolver los problemas colectivos.
El pleno del cabildo aprobó que en la Cámara se reunieran todas las funciones que la ley prevé para los consejos municipales, e incluso para la constitución del Coplademun.
La Cámara Municipal de Representantes se instaló el 29 de junio, hace 20 años. La integraron 100 representantes, entre los miembros del cabildo, comisarios, comisariados, dirigentes de organizaciones sociales, funcionarios públicos y representantes de partidos políticos.
Durante su corta pero visionaria existencia, la Cámara Municipal de Representantes abordó los problemas de seguridad pública, deterioro de los recursos naturales, la relación del gobierno municipal con el gobierno estatal y la problemática educativa.
La falta de continuidad de esta experiencia se canceló por indisposición de algunos miembros del cabildo para ceder en las atribuciones que les otorga el régimen presidencialista del que son beneficiarios.