Silvestre Pacheco León.-Zihuatanejo Guerrero

Politologo, Ambientalista, Periodista… Contacto: leonblog@riseup.net

LA COMUNA DE PETATLÁN Mayo 4, 2009

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Silvestre Pacheco León

En 1990 en la Costa Grande, el municipio de Petatlán era uno de los más importantes desde el punto de vista económico y también en concentración de la población.

El censo de población para ése año registró 18 mil habitantes asentados en más de 300 poblados.

En la cabecera municipal que también se llama Petatlán, eran la feria anual de la Semana Santa, y  la festividad del Padre Jesús el 6 de agosto los eventos que atraían a muchos visitantes.

El comercio de la cabecera tenía alcance regional, y hasta la pujante ciudad de Zihuatanejo se abastecía en las tiendas de éste municipio.

La sociedad petatleca estaba claramente dividida entre propietarios del suelo y del comercio, junto con los que dirigían el gobierno y la política, frente al pobrerío, compuesto por jornaleros, campesinos pobres, pescadores.

El poder de facto lo ejercían los propietarios de huertas, los acaparadores de cosechas, los introductores de ganado, los comerciantes.

La política era dominio de los caciques los cuales se encargaban de elegir a los candidatos y el PRI a legitimarlos mediante procedimientos dictados por el gobierno estatal.

En ése ambiente monolítico de partido único, sólo el PPS ocupaba un lugar testimonial en el campo de la izquierda, porque como portadores de esa ideología, se distinguían personas, más que organizaciones.

Apenas 10 años antes el PCM intentaba reclutar militantes para sembrar las primeras células de activistas que trabajaran en la organización. Sin embargo, descontento social y líderes populares abanderando luchas de los desposeídos siempre hubo.

Cuando nacionalmente se produjo el acercamiento de las organizaciones políticas de izquierda que después desembocó en la organización del Frente Democrático Nacional, en Petatlán se realizó la primera reunión regional de militantes del PCM  y del Movimiento de Acción Popular, organización derivada del Partido Mexicano de los Trabajadores.

Cuando en 1988 se anunció la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas para la presidencia de la República, el apoyo popular para la iniciativa en toda la costa fue espontáneo, desorganizado pero generalizado. Los ciudadanos vieron en la ruptura del priísmo nacional la oportunidad de superar esa etapa de oscurantismo confiados en la coherencia del cardenismo.

Sólo en Zihuatanejo actuaba una izquierda organizada, moderna pero marginal que orientó como pudo la lucha regional. El grupo de militantes formado en el PMT y luego en el PMS apoyó la lucha cardenista en las municipios vecinos. De hecho sólo en éste municipio se impuso la fuerza organizada de la izquierda al enorme poder del fraude electoral.

En las elecciones federales de julio de 1988 la izquierda organizada de la Costa Grande puso especial énfasis en la educación del electorado para poder votar y en la organización para la defensa de su voto.

Los obstáculos mayores para el triunfo electoral eran el control que el gobierno ejercía sobre el aparato que organizaba las elecciones. El gobierno tenía en sus manos la decisión para nombrar a los representantes de casillas y para el registro de los electores, y hasta él mismo podía determinar el veto o aprobación de los candidatos, fueran del partido que fueran.

Las elecciones federales de 1988 fueron las más participativas de la historia en la región y el fraude fue también el más gigantesco.

En todo el distrito III solamente en Técpan y Zihuatanejo la capacidad organizada de la oposición pudo sobreponerse al fraude preparado por el gobierno.

En el municipio de Petatlán los representantes de partidos que integraban el FDN fueron expulsados de 35 de las 53 casillas instaladas, precisamente en aquellas donde se impuso el candidato oficial, Carlos Salinas de Gortari.

El descontento fue mayúsculo y derivó en la instalación de un plantón frente al palacio municipal el 14 de agosto de ése año, exigiendo respeto al voto popular y castigo ejemplar contra los fraudeadores.

El plantón permaneció a lo largo de 5 meses para empatarlo con la lucha definitiva que se disputaría en la campaña electoral del año siguiente.

Desde su instalación el plantón sirvió como catalizador de las luchas locales y se convirtió en un espacio educador y formativo que alentó y dirigió movimientos reivindicativos de los diversos sectores sociales.

Después de que la cámara de diputados erigida en colegio electoral consumó el fraude con el albazo del 10 de septiembre que reconocí a Salinas de Gortari como presidente electo, los petatlecos enfocaron sus baterías contra la figura del presidente municipal, Antonio Hernández Valdovinos, acusado como responsable del fraude en el municipio y también de desvío de recursos públicos, exigiendo su destitución ante el congreso local.

Durante los meses del plantón, la dirección local del movimiento organizó la presencia de los pobladores por comisarías. Cada una de las 33 que forman la municipalidad, se hizo cargo tanto de las guardias como de los alimentos de cientos de ciudadanos que reforzaban el plantón cada día.

Fueron días intensos de movilizaciones, mítines, marchas, bloqueos, boicots contra comercios, campañas de firmas, entrevistas, comisiones, que antecedieron a la toma del palacio municipal como presión definitiva para lograr la destitución del presidente municipal.

El palacio fue tomado con el amplio apoyo popular, el 30 de noviembre, desalojando a la policía judicial del estado y a la preventiva municipal que lo resguardaban.

El 5 de diciembre la policía judicial y los antimotines del gobierno de José Francisco Ruiz Massieu, desalojaron violentamente el palacio municipal, provocando decenas de heridos, aunque solo fue por unos días porque el pueblo nuevamente recuperó el inmueble para entregarlo formalmente a la comuna de Petatlán, integrada por comisarios municipales y comisariados ejidales, quienes desde entonces comenzaron a gobernar, de hecho, haciendo a un lado al presidente municipal que días después fue relevado del cargo.

En la sierra los campesinos organizaron sus congresos agrarios, los pequeños comerciantes enlistaron una serie de demandas reivindicativas; los precaristas buscaron y encontraron solución a sus demandas de suelo para vivienda mediante la acción directa de la toma de tierras.

Sin embargo, nadie quitó el dedo del renglón respecto a la lucha electoral. Si el pueblo petatleco entendió pronto la importancia de la organización y la valía de las acciones directas, no dejó de lado la demanda del respeto al voto.

Pronto se vino la campaña electoral para renovar el ayuntamiento. El empadronamiento de los ciudadanos fue una labor exitosa y tan masiva que impidió el registro discrecional de los ciudadanos.

Al parejo de la organización de los afiliados, sección por sección electoral, se capacitó a los representantes de casilla y ejerciendo la democracia directa se integró la planilla para el ayuntamiento.

En un congreso municipal, ya con el registro legal que el PMS cedió para la formación del PRD, mediante el voto libre y secreto, se eligieron los candidatos. La campaña electoral inició el 22 de octubre de 1989. Duró 38 días recorriendo todos los poblados del municipio.

En contraparte, el PRI de Ruiz Massieu quiso democratizar su proceso con una elección preliminar que sólo desgastó y dividió más las filas priístas, participando con un candidato desprestigiado que recurriendo a los peores métodos para confundir al electorado, creó la versión local del FDN, negociando con  el PPS, el PARM y el PFCRN su apoyo.

Pese a todo, y gracias a la organización y decisión de los electores, el PRD ganó la contienda el 3 de diciembre. Triunfó en 41 casillas con el 61 por ciento de los votos. El PRI ganó en 9 y obtuvo el 37 por ciento de los votos.

En éste que fue el primer triunfo electoral del PRD en la Costa Grande, reconocido como tal por el gobernador el día siguiente, se gestó la constitución de la Cámara Municipal de Representantes, que tenía como propósito ensanchar el gobierno municipal para darle cabida a las representaciones territoriales y a las organizaciones sociales y productivas. Era la continuidad de la comuna municipal que gobernó la etapa previa a las elecciones, la que tomó decisiones para resolver el problema de los caminos que dificultan la comunicación en el campo, y tomó medidas para hacer efectivo el derecho a la educación en el municipio y garantizó el servicio de agua potable, organizando la recolección de basura, el alumbrado público y el transporte para todas las colonias.

La idea de ampliar el espacio de participación ciudadana en el ejercicio del poder se maduró en el proceso mismo de la campaña. Se retomó lo que la misma ley orgánica municipal establece como atribuciones del cabildo y con la idea de que éste pudiera funcionar de manera abierta y permanente para tratar y resolver los problemas colectivos.

El pleno del cabildo aprobó que en la Cámara se reunieran todas las funciones que la ley prevé para los consejos municipales, e incluso para la constitución del Coplademun.

La Cámara Municipal de Representantes se instaló el 29 de junio, hace 20 años. La integraron 100 representantes, entre los miembros del cabildo, comisarios, comisariados, dirigentes de organizaciones sociales, funcionarios públicos y representantes de partidos políticos.

Durante su corta pero visionaria existencia, la Cámara Municipal de Representantes abordó los problemas de seguridad pública, deterioro de los recursos naturales, la relación del gobierno municipal con el gobierno estatal y la problemática educativa.

La falta de continuidad de esta experiencia  se canceló por indisposición de algunos miembros del cabildo para ceder en las atribuciones que les otorga el régimen presidencialista del que son beneficiarios.

 

LOS NUEVOS CAMPESINOS DE ZIHUATANEJO Abril 6, 2009

Archivado en: Produccion Alternativa — silver99 @ 3:27 pm


Silvestre Pacheco León

En el medio siglo de vida que tiene el municipio de Zihuatanejo de Azueta, las transformaciones que ha vivido pasan por etapas de muy fácil delimitación.

Antes de la urbanización de la cabecera municipal y del impulso al turismo desarrollando la zona de Ixtapa, el municipio vivió el auge de las plantaciones de cocotero. De hecho, una de las referencias históricas sobre el cultivo de las palmas de coco, ubican en el ejido de Barrio Nuevo, la plantación más antigua.

Quien no sembraba palmas de coco, se ocupaba del cultivo de maíz y ajonjolí, además de la tradicional explotación ganadera. El ganado vacuno de doble propósito ocupaba, como ahora, la mayor proporción de terreno en el municipio.

Para el autoconsumo los agricultores aprovechaban el temporal de lluvias en la siembra de maíz, arroz, calabaza, frijol, sandía y pepino. En la zona costera se producía chile, jitomate, calabaza y algunos quelites.

La pesca se desarrolló por una planta de la empresa paraestatal Productos Pesqueros de Guerrero, dedicada a la captura y comercialización de tiburones y también de tortuga.

Así fue la economía municipal. Los productos que se comercializaban eran, además de los de la pesca, el coco en forma de copra, el ajonjolí, maíz, y el ganado en pie. Los frutales como el mango y el plátano eran para el autoconsumo, lo mismo que el queso y la leche.

Los productos del campo destinados al comercio, crearon en la cabecera al sector de los intermediarios, agentes de las empresas comerciales que establecieron sus matrices en el puerto de Acapulco y quienes guiaron en términos productivos a los campesinos del municipio.

La ganadería de Zihuatanejo comparte la historia regional del sector, y fue esta actividad la que provocó la parcelación de los ejidos. Si bien durante las primeras décadas del reparto agrario, la propia agricultura campesina se practicaba bajo el método de tumba, roza y quema, que implicaba estrenar terreno cada año para el cultivo del temporal, fue el invento del alambre de púas y luego su introducción en la región, lo que propició la delimitación de las parcelas mediante el cercado.

Si antes de la introducción del alambre de púas era necesario destinar parte de los terrenos ejidales para la práctica común de la ganadería, con la introducción de los rollos de alambre cada quien se apropió de tanto terreno como posibilidades tenía de encerrar.

Los campesinos que recibieron la tierra organizados en ejido tardaron años en ejercer derecho pleno sobre el suelo. La presencia de las grandes haciendas porfirianas se mantuvo aún después del reparto agrario. Eso explica en parte, el saqueo impune de la mejor madera que producían los bosques, porque nadie reclamaba y también porque muchos consideraban como una bendición la existencia de las empresas madereras porque daban empleo, abrían caminos y ayudaban a limpiar zonas de monte casi inaccesibles. La única evidencia que queda de esa riqueza forestal es la que aparece en el escudo municipal. Los cedros y robles casi desaparecieron de sus entrañas.

La transformación radical de la vida municipal se produjo con la inversión pública para crear la infraestructura turística, promovida durante el gobierno de Luís Echeverría Álvarez a partir de 1970.

La construcción de la carretera costera, Acapulco Zihuatanejo, que también unió al puerto de Lázaro Cárdenas en Michoacán; el aeropuerto internacional de Ixtapa que puso a Zihuatanejo a media hora de la capital del país, y la carretera Zihuatanejo, Ciudad Altamirano, que también comunicó a la Costa con la Tierra Caliente, fueron el complemento para la zona hotelera, que atrajo a miles de turistas y familias completas de migrantes que se asentaron de manera permanente en el municipio.

Uno de los fenómenos migratorios más interesantes lo vivió Zihuatanejo en la década de los ochenta, cuando alcanzó un crecimiento sostenido de su población de casi el 10 por ciento anual.

Lo interesante del caso es que el campo no supo aprovechar esta nueva realidad que se empezó a inaugurar hace cuatro décadas. En lugar de que se hubiera registrado una modernización de las actividades agropecuarias para abastecer un mercado que creció a pasos agigantados, la velocidad de las transformaciones y el impacto provocado, mostró una ausencia completa de políticas públicas elaboradas frente a esta nueva realidad.

Los campesinos no pudieron reaccionar de ninguna manera. Simplemente abandonaron sus actividades cuando no pudieron competir con el precio de la mano de obra que impusieron los contratistas en la rama de la construcción y los hoteleros en el sector de los servicios.

Sin mano de obra que contratar para las labores del campo, con salarios que elevaron brutalmente los costos de los productos agropecuarios, el desarrollo de la actividad turística provocó caos en la vida rural.

Desde entonces Zihuatanejo se sumió en un proceso de descampesinización y estableció una desigualdad brutal entre el campo y la ciudad. Pero todavía más, el desarrollo del turismo generó un saqueo permanente y sistemático de recursos rurales. Aparte de transformar en empleados a muchos campesinos que eran autosuficientes, el turismo comenzó a demandar productos del campo que pagó siempre a precios irrisorios debido a la falta de organización de los dueños del territorio y a la falta de vigilancia e inspección de las autoridades.

Los materiales pétreos, grava y arena, del lecho de los ríos; la madera, del bosque y del estero, la palma doméstica y la silvestre; el bambú y la leña; los animales ornamentales y los comestibles; la tierra y las plantas para los jardines. Las piedras de cerro y los vestigios arqueológicos y el agua.

Esa relación desigual entre el campo  y la ciudad apenas se está comprendiendo. Los habitantes del campo empiezan a comprender el grave problema de que ahora sean ellos quienes acudan a la ciudad para comprar sus alimentos.

En esta nueva etapa en la vida del campo, hay un sector de campesinos, reducido, que está incursionando en actividades agroempresariales con un impacto que puede cambiar la fisonomía  del campo y el peso económico que ahora es marginal en el municipio.

En este municipio y desde hace diez años empiezan a ser ejemplo de modernización los productores de hortalizas, de café y frutas orgánicas para la exportación. El sector de los mezcaleros está empujando fuerte en la idea de posicionar al mezcal en el gusto de los extranjeros.

Hay ganaderos que empiezan a incursionar en el concepto de producción ecológica para aprovechar las ventajas de sus productos en el mercado, y no falta en éste sector quienes están promoviendo la industrialización de la leche para la producción de quesos, yogurt y mantequilla, así como el coco para desarrollar la industria del dulce.

Los acuicultores que cultivan tilapia y camarón ya aprendieron la ventaja de organizarse y de programar sus cosechas para aprovechar el mercado local, y ahora más de 200 familias encabezadas por mujeres están impulsando proyectos productivos para asegurar el alimento de sus miembros.

Lo único que sigue quedando en la tradición campesina es la ganadería extensiva y el cultivo de maíz. Ambas actividades subsidiadas, depredadoras y también contaminantes.

Hasta la siembra de enervantes y el saqueo de madera, ocupaciones de gran importancia en la economía rural,  quizá puedan ser inhibidas si resultan exitosos proyectos como la siembra de aguacates, el ecoturismo y la venta de servicios ambientales, actividades en las que también incursionan los nuevos campesinos de Zihutanejo.

 

El arroz costeño Abril 1, 2009

Archivado en: Produccion Alternativa — silver99 @ 1:09 am

Silvestre Pacheco León

Todavía en la década de los ochenta era común encontrarse con sembradíos de arroz, en la temporada de lluvias, en toda la franja de la llamada media sierra, en la región de la Costa Grande, a unos 500 metros sobre el nivel del mar.
Los campesinos sembraban este cultivo como lo hacían con el maíz, para el autoconsumo. La cosecha la guardaban con cáscara, en costales, y les duraba bien un año, sin ser atacada por plagas.
Para pelar los granos de arroz utilizaban el tronco de un árbol como mortero, y a golpe seco de un mazo, también de madera, lo descascaraban en cantidades necesarias para la comida del día.
Los propios campesinos comentan que dejó de cultivarse ese grano cuando las tiendas de la Conasupo lo introdujeron a los pueblos, ya sin cáscara y empaquetado, a precios muy bajos, exactamente igual como años más tarde sucedió con el maíz.
México es un productor importante de arroz, pero su producción no es suficiente para atender la demanda interna. El arroz, como el maíz, tienen que ser importados en cantidades crecientes porque son la base de la alimentación del pueblo mexicano.
En la Costa hasta el pescado se come con arroz debido a su fácil y rápida preparación.
“Este arroz ya se coció” decía Amador Campos en Zihuatanejo el año pasado, cuando andaba en campaña, adelantando su deseo de triunfo electoral que solamente los electores desmintieron. Y agregaba el todavía diputado federal en su lenguaje coloquial, que estaba tan seguro de su triunfo porque en sus manos tenía el “tustus”, lo quemado del arroz que se queda en el fondo de la cazuela.
Comento lo anterior ahora que los partidos se aprestan a participar en una nueva contienda, para recalcar que el arroz estuvo tan presente en la cultura local, que hasta origen dio a nuevas palabras muy propias de la costa.
La verdad es casi un milagro que 20 años después de que el arroz era un cultivo básico para la alimentación de las familias, todavía se pueda conseguir esa semilla criolla que tiene entre sus virtudes germinar y crecer en las tierras más pobres, sin necesidad de abonos químicos, sembrada mateada, en tlacolol, como el maíz.
Las señoras de la sierra cuando hablan de aquel grano que ellas cosechaban, descascaraban y guisaban, comparándolo con el que ahora compran, dicen que contrario al suyo, el de ahora, cuando se lava para ponerlo a cocer, suelta un residuo blanco que se pega en la piel. Ellas no saben, y yo tampoco sabía, que en las grandes beneficiadoras de arroz pulen el grano para que su apariencia sea blanca y atractiva en el mercado y, claro, el agua lechosa del que hablan las señoras del campo, es producto de ese proceso.
El arroz de la sierra es pues un producto que las familias valoran y defienden, porque tiene mejor sabor y quizá porque era un cultivo en el que todos participaban. Lástima que esas familias hayan sido avasalladas por las fuerzas del mercado y que entre las consecuencias nefastas de ese dios que defienden los neoliberales, se cuente la pérdida de la autosuficiencia alimentaria que los pueblos de la sierra habían alcanzado y que ahora sufran por la dependencia de la agricultura comercial en la que han caído.
El campesino del pueblo de la Laja que me enseñó hace ya 20 años el portento de ese grano que él cultivaba con esmero, al paso del tiempo dejó no sólo de sembrarlo, sino que abandonó su parcela y se fue de bracero al norte, en busca de mejores oportunidades de vida.
Ahora está de regreso en su tierra. No viene de visita, sino acicateado por la crisis económica global que se gestó en el mero corazón del imperio norteamericano. Se quedó sin empleo, perdió su casa y volvió a su tierra con la familia. Platicamos del arroz, de la pérdida del cultivo en la región y del elevado precio que tiene en el mercado. En menos de un año subió de 7 a 14 y a más de 20 pesos el kilo. El salario del peón, por más que se estire, no alcanza para comprar el arroz que ahora ha pasado a ser un artículo de lujo.
Si a eso le agregamos el fenómeno del desempleo y el aumento del dólar que cuesta más pesos para comprar los alimentos importados, llegamos a una calamidad.
En todo esto pensaba cuando improvisadamente, el grupo de mujeres de la sierra de Petatlán preparaba los tamales de arroz que después saboreamos en la sede del Instituto de Estudios para el Desarrollo Rural, Maya, en el sur del Distrito Federal, a principios de la semana.
No era un día cualquiera, sino la fecha del encuentro programado entre las representantes de la fundación alemana, Pan Para el Mundo, y la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, para impulsar conjuntamente la iniciativa de que las familias pobres se organicen y produzcan de manera sustentable el alimento que las nutra. La dirigente petatleca, Celsa Valdovinos, sabía que la mejor manera de convencer sobre lo que se hace, es mostrándolo. Primero enseñó la muestra del arroz criollo que ya están recuperando, luego lo lavó, le agregó un poco de sal y fue vaciando medios puños en cada hoja de maíz para hacer los tamales. Los acomodó en el fondo de la olla y luego los cubrió con agua. Después se puso a cocerlos. Pronto estuvieron cocidos y todos pudimos saborearlos. Los tamales de arroz, como la barbacoa, no faltan nunca en las fiestas de esta región.
En la plática Celsa Valdovinos explicó el proceso de recuperación del arroz criollo en la cuenca del río Petatlán. La prédica de su organización sobre la necesidad de vencer la pobreza con el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, va dando resultados sorprendentes. Los campesinos organizados decidieron enfrentar la crisis del capitalismo global con soluciones locales radicales. Aunque parezca increíble, parte de la solución al problema de la alimentación para los pobres en esta parte del estado, está en la recuperación del conocimiento que adquirieron en el cultivo del arroz que estuvo a punto de desaparecer.
Los tamales de arroz que comimos son el producto de la primera cosecha que obtienen. En la pasada temporada de lluvias fueron diez las familias que sembraron arroz criollo en los poblados de El Zapotillal, Canalejas, La Pasión y Barranca del Bálsamo; poco porque se trataba de probar. El rendimiento dicen que fue bueno y quienes sembraron ya no tendrán que comprar en lo que resta del año. Crescencio Arroyo Pano dice que tiene arroz hasta para vender y de hecho lo están vendiendo a 15 pesos el kilo, cultivado sin abonos químicos.
Felipe Arreaga Sánchez, el campesino ecologista que recibió el premio Chico Mendes como defensor de los bosques, es también de los nuevos productores de arroz, pero más innovador en sus prácticas. Su cultivo lo hizo con el método de labranza cero, que consiste en no quemar para preparar la tierra donde se va a establecer el cultivo. Tuvo más alto rendimiento que sus compañeros y espera que en el próximo año otros campesinos sigan su ejemplo de no usar el fuego para limpiar el suelo, porque dice que con ese método se conservan los nutrientes del suelo.
La presidenta de la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán, Celsa Valdovinos, asegura que si el gobierno del estado les financia la adquisición de una máquina piladora de arroz, el cultivo que están recuperando se va a generalizar en todos los pueblos de la sierra, porque les significa un ahorro importante en el gasto de alimentos, y porque con esa máquina las mujeres que son las responsables de la comida se ahorrarán el enorme esfuerzo físico que implica descascarar el arroz a punta de golpes.
Más empleos, alimento seguro, arraigo de las familias en el campo, son el plus de esta iniciativa que debería contar con el apoyo decidido del gobierno en estos tiempos de crisis.
Las mujeres campesinas han invertido más de medio año gestionando ante las diferentes dependencias de gobierno el apoyo para adquirir dicha máquina, la cual debe ser construida de acuerdo a las necesidades de su organización, pues ya han investigado que en el mercado las hay pero con capacidad para limpiar cientos de toneladas y son muy costosas. En el tiempo invertido para conseguir la máquina que les facilite el trabajo, encontraron constructores en el estado de Puebla dispuestos a realizar el proyecto que satisfaga sus necesidades.
Las representantes de la fundación alemana se mostraron muy interesadas y satisfechas con los resultados del trabajo que las mujeres realizan, y ofrecieron mantener su apoyo para que esa experiencia se difunda y con ella se promueva la organización y se impulse la agricultura sostenible.
Por su parte, los viejos pobladores del Zapotillal dicen que es como un sueño escuchar el rítmico golpeteo del mortero que Chencho acaba de estrenar para descascarar los granos de arroz que han vuelto a llenar los estómagos de las familias pobres.