Silvestre Pacheco León.-Zihuatanejo Guerrero

Politologo, Ambientalista, Periodista… Contacto: leonblog@riseup.net

¿MEJOR TODOS POBRES? Octubre 19, 2009

Archivado en: Sociedad — silver99 @ 3:44 pm


Silvestre Pacheco León

Extinguir, es la palabra que puso de moda en estos días el presidente de la República. Con ella se refirió a la decisión que tomó para desaparecer a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, que otorga el servicio de energía eléctrica a más de seis millones de usuarios que viven en el valle de México, con el trabajo de 24 mil electricistas.

El argumento central del presidente de la república al anunciar la extinción de la CLyFC consiste en sostener que desde su creación, esta empresa no ha cesado de recibir transferencias del presupuesto federal, que para el presente ejercicio serán de 41,945 millones de pesos. Dice que la empresa es ineficiente, que pierde poco más del 30 por ciento de la energía que produce y que es oneroso pagar las prestaciones contenidas en el contrato colectivo que la empresa tiene con el Sindicato Mexicano de Electricistas.

Ante esta medida que el gobierno federal tomó el sábado 11 de octubre, después de que se conoció la victoria de la selección nacional en el partido de fútbol frente al seleccionado salvadoreño, el SME detalló la situación de la empresa con la que contrata así como de la política energética que ha seguido el gobierno.

Con el propósito de que los mexicanos podamos comprender lo que pasa en la industria eléctrica y, accesoriamente asumir una postura al respecto, conviene tomar en cuenta la posición del sindicato, el cual, frente al poder de los medios de difusión que apoyan la medida oficial, se encuentra en total desventaja.

La empresa LyFC, es un organismo descentralizado que no ha crecido en su capacidad de  generación de energía eléctrica desde 1975 a pesar de que esa industria es considerada estratégica para el desarrollo del país. Las razones de esa política que inhibe la capacidad generadora de la CLyFC no están claras porque para satisfacer la demanda de energía en esta parte del país, la empresa en extinción tiene que comprar el fluido eléctrico a la Comisión Federal de Electricidad a un precio superior de como lo vende.

El Sindicato Mexicano de Electricistas, organismo que representa a casi 50  mil trabajadores, entre activos y jubilados, de la CLyFC, asegura que Felipe Calderón miente al exponer las razones que lo llevaron a tomar la determinación de extinguir a la empresa eléctrica, sobre todo cuando el presidente expone ante la opinión pública que las transferencias presupuestales que recibe  de la Secretaría de Hacienda, ése organismo descentralizado, son para satisfacer las prestaciones contenidas en el contrato colectivo de trabajo que administra el sindicato, pues asegura que en realidad dichas transferencias se destinan a la compra del fluido eléctrico a la Comisión Federal de Electricidad la cual ha recibido por ése concepto al mes de julio del 2009, la cantidad de 54, 797.683.1 millones de pesos, y que, en todo caso, la insolvencia que muestra la CLyFC se debe a que subsidia a los grandes empresarios como parte de la política oficial de privilegiar a quienes más tienen. Para sostener esa afirmación, el SME informa que a los empresarios se les vende la energía eléctrica a 88 centavos el kilowat hora, mientras que a los usuarios domésticos, que son la mayoría, se les cobra a 97 centavos.

El SME ha denunciado que detrás de la decisión que tomó Felipe Calderón de decretar la extinción de la CLyFC, se oculta el interés de su gobierno por privatizar la industria eléctrica, a favor de empresas trasnacionales como la Mitsubishi, Unión Fenosa, Iberdrola, ya que hasta julio del presente año la Comisión Reguladora de Energía ha otorgado inconstitucionalmente 772 permisos a particulares para la generación de energía eléctrica, lo que en términos generales significa que ahora está en manos privadas hasta el 35 por ciento de la capacidad instalada para la generación de electricidad.

Para el SME, el decreto de extinción de la CLyFC, es violatorio de la constitución porque para una acción de esa naturaleza se requiere de la participación del congreso de la Unión, ya que el artículo 27 establece que la industria eléctrica es patrimonio de la Nación. Además, el sindicato agrega que se siente particularmente agredido porque el decreto de extinción de su fuente de trabajo fue acompañado de la toma de las instalaciones de la CLyFC por parte de la Policía Federal, para que éstas fueran operadas por personal de la Comisión Federal de Electricidad.

El SME documenta su acusación al gobierno señalando que en su afán de favorecer a los inversionistas privados entregándoles una industria estratégica, no repara en el enorme daño que provocará con el despido de los 22 mil trabajadores que se quedarán sin empleo ni protección a sus familias,  y hace un recuento del resultado que ha tenido la administración calderonista en la economía de los mexicanos durante los tres años que lleva en el  gobierno, enumerando que hay 5 millones 600 mil trabajadores que apenas ganan el salario mínimo, cantidad que no alcanza siquiera para adquirir los bienes de consumo básico que requiere una familia; 19 millones de mexicanos cuyos ingresos no les alcanzan para comer, y una situación de desempleo que afecta quizá a 10 millones de personas en edad de trabajar. En contraparte el sindicato recuerda que 10 familias concentran tal riqueza en nuestro país que forman parte de la lista de los más ricos del mundo.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Frente a esta situación el SME exige al gobierno la derogación del decreto de extinción de la empresa con que contratan, la devolución de las instalaciones de la CLyFC, y convocan a la formación de un frente nacional por la defensa de la legalidad constitucional, la soberanía y los contratos colectivos de trabajo.

El lunes 12 al medio día, la ciudad  luce tranquila, con un cielo nublado. En la avenida Insurgentes llama mi atención la leyenda que portan las unidades del metrobus, unos sí y otros también, manifestando su apoyo al SME. En Paseo de la Reforma y en las inmediaciones de la Alameda hay grupos de trabajadores difundiendo el problema, sobre todo mujeres, que portan carteles en pecho y espalda recordando al presidente su compromiso con el empleo. En algunas estaciones del Metro piquetes de trabajadores, presumiblemente electricistas, entregan volantes demandando la solidaridad del pueblo en la defensa de su fuente de trabajo y de la industria eléctrica. Algunos preguntan en carteles si la gente sabe cuánto pagará de luz.

En la prensa nacional se conoce a detalle y se comenta el decreto presidencial del sábado 11 que anuncia la extinción de la Comisión de Luz y Fuerza del Centro y con ello el despido de todos sus trabajadores. Los partidos políticos fijan sus posiciones y los analistas hacen sus juicios.

En el periódico Reforma German Dehesa aplaude la acción del presidente y critica la reacción tardía de Marcelo Ebrard manifestando su apoyo a los trabajadores electricistas. Federico Reyes Heroles minimiza la fuerza del sindicato y de las organizaciones que lo apoyan frente a los millones de mexicanos supuestamente agraviados por el subsidio inconsulto que damos al SME vía CLyFC, calculado en 400 pesos anuales por cabeza. Jorge Alcocer, por su parte, apoya también la medida del gobierno, repasando los intentos que se han hecho desde el poder por terminar con las transferencias presupuestales a esa empresa eléctrica descentralizada.

Los periodistas de Televisa se enfrascan en discusiones sobre la coherencia entre el plan para la extinción de la CLyFC y su ejecución. Que si tuvo o no tuvo peso en la decisión del sábado el triunfo futbolero de la selección nacional.

El taxista me pregunta mi opinión sobre el suceso. A él le preocupa la previsible toma de la ciudad por los opositores a la medida del presidente. Ya sabe que López Obrador ha manifestado su apoyo a los electricistas y teme que se pierda el control del DF. Cuando le digo que el desempleo crece a pesar de las promesas del presidente, deja de insistir en la jugosa indemnización que se ofrece a los trabajadores. De todos modos entramos en la discusión sobre el papel de los sindicatos y coincidimos en que son instrumento de los trabajadores, tan democráticos o corruptos como lo permiten y deciden sus bases. Si los sindicalizados tienen privilegios, su trabajo les ha costado, lo grave- le digo- es que la mayoría de los trabajadores carecen de ese instrumento legal que los representa y defiende. Al final concluimos en que Felipe Calderón actúa al modo del mexicano clásico: en vez de buscar que nos igualemos a los ricos, prefiere que todos seamos pobres. De allí su argumento de que prefiere quitar los subsidios a los trabajadores electricistas porque están organizados y pueden presionar, para dárselos mejor  a los mexicanos más pobres, que están desorganizados y –concluyo- no pueden protestar.

El hecho es que en lo interno, los trabajadores del SME pusieron su flanco más débil para el golpe sabatino del 11. Pobres, quizá hasta crudos estaban los dirigentes cuando fueron enterados de la noticia. El golpe mediático fue certero y apabullante. Ni siquiera el SME con sus largos años de lucha sindical vanguardista lo previó ni pudo sobreponerse. Lo que viene es cuesta arriba y el ambiente social no ayuda para una lucha larga.

 

FELIPE ARREAGA SANCHEZ Septiembre 21, 2009

Archivado en: Ecologia, Sociedad — silver99 @ 4:55 pm

FELIPE ARREAGA SANCHEZ

Silvestre Pacheco León

Cuando me enteraron de tu muerte pensé que era un mal sueño. Tu no debías morir, y menos de una muerte tan estúpida, en la carretera nacional, víctima de la prisa con la que los choferes de las combis se quieren sobreponer a su miserable salario.

Mira que venirte a morir en el mero día de la independencia, justo cuando falta un año del inicio de la verdadera revolución, y te vas, así, de repente. Tu que como don Vicente Guerrero, sobreviviste mil peripecias, caíste del golpe seco y contundente para el que nadie está preparado. La combi que te envistió en su carrera para ganar el pasaje allá en Petatlán, iba repleta de estudiantes que acudían al desfile. Mira si no va a impactar tu muerte, si ellos que fueron tu principal preocupación en las pláticas sobre el cuidado del ambiente, te vieron caer de la cuatrimoto en ése accidente aparatoso, sin poderte auxiliar en ésa lucha en la que sólo tu fortaleza física te dio unos  minutos más de vida.

Celsa, tu inseparable mujer y compañera, te esperaba en la casa, como siempre, lista para subir a la sierra en labor casi pastoral de sembrar árboles y predicar a favor de la naturaleza. Quizá otra hubiera sido la historia si esa mañana ella te hubiera acompañado a la gasolinera como querías, pero se entretenía arreglando los detalles para que nada faltara allá arriba, en el Zapotillal.

La noche anterior hacías cuentas de los cuatro años cumplidos desde tu salida de la cárcel de Zihuatanejo, cuando una acusación falsa te arrebató diez largos meses de vida que te pasaste encerrado. Desde entonces, contabas cada día  como si fuera el último que ibas a vivir. “Ya cumplí cuatro años, a ver que me depara Dios de aquí para adelante” me confió Celsa que le dijiste la noche anterior a tu muerte.

Tu creencia de que cada quien tiene escrito el tiempo que va a durar en el mundo, te daba cierta seguridad y no menos audacia para vivirlo. Si te habías salvado de las amenazas de muerte de Figueroa el viejo, cuando muchacho tu, te le enfrentaste en la exigencia de que atendiera las peticiones campesinas para proteger el bosque del ejido Fresnos de Puerto Rico, en tu calidad de presidente del comisariado; si te impusiste con tu prédica de perdonar las ofensas y muertes de numerosas familias serranas para que reinara la paz cuando sólo las armas era el medio y remedio de sobrevivencia, cuantimás, ibas a salir airoso del “juicio popular” al que te sometieron quienes en tu región buscan el cambio social por la vía violenta. Era tu fortaleza espiritual que con Celsa se duplicaba, lo que sacó avantes a los dos aquella noche oscura, en la que para mayor ofensa contra ti, los hicieron cargar las mochilas guerrilleras, después de sacarlos violentamente de su casa. Ganó tu postura de coincidir en los fines pero disentir en los métodos, porque hasta el final sostuviste que el fin no justifica los medios. Eso te hizo crecer en respeto, hasta de quienes no te querían.

Si no vacilaste en secundar la lucha regional contra el saqueo de madera cuando gobernaba el segundo Figueroa, menos lo  ibas a hacer cuando la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y de Coyuca de Catalán, requirieron de tu guía. Luchaste hasta el cansancio, y todo el sacrificio de vivir escondiéndote el tiempo que duró la persecución, tuvo su fruto, un fruto venturoso porque hasta entonces, tu compañera, que sólo participaba apoyándote como sostén de la familia, de pronto hizo causa común de tus anhelos y creó, ella misma a la cabeza, la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra, cuando el acuerdo de cambiar su residencia, los llevó a mudarse a la cuenca del río Petatlán, la zona más pobre del municipio pero también la de mayor tradición organizativa. El pueblo les dio cobijo y protección cuando el ejército te perseguía.  Celsa lo recuerda a menudo, cuando platica de la irrupción de las mujeres en la lucha ambiental. Te has de acordar que muy a regañadientes conviniste con ella en que ambos se alejarían de la lucha social para dedicarse exclusivamente a la familia y ver por la educación de los hijos. “Al cabo nadie agradece ni reconoce lo que uno hace para el bien de la gente” –sentenciaba tu mujer-.

Poco tiempo pasó de tranquilidad en tu hogar cuando en menos de que canta un gallo ya estaban los dos enfrentando problemas de la comunidad. La organización de las mujeres apenas empezando el nuevo siglo, fue la consecuencia, el campo estaba fértil. Si de por sí, cuando la lucha se volvía más feroz, los hombres eran los primeros en huir con el pretexto de que no pueden andar por el monte, escondiéndose, llevando consigo a mujeres y niños. En los pueblos se necesitaba más que resignación para enfrentar la llegada del “gobierno” que era sinónimo de, susto, maltrato, vejaciones, amenazas y robos contra el resto de la familia.

¿Recuerdas que en el  2005, Celsa fue la que te sacó de la cárcel, porque se lo propuso, porque como toda mujer de convicciones, movió cielo y tierra para reunir las pruebas de tu inocencia? Ella más que nadie sabía del accidente que te dejó postrado cuando la Procuraduría, coludida con los talamontes pretendió tomar venganza contra los ecologistas, fabricándote el delito de homicidio con el que te acusaban.

Tu que tomaste desde joven la causa de la paz, renunciando a la venganza legítima contra quienes mataron a tus padres, fuiste víctima  de una acusación atroz a finales del 2005. Entonces sucedió igual, también en la carretera te detuvieron los judiciales, cargaste con la culpa de otros, y nunca te rajaste. Quizá fue tu serena actitud de aceptar todo con buena cara lo que te ayudó para que mucha gente en el mundo conociera tu trabajo a favor del bosque. Fueron cientos las cartas de apoyo que recibimos, en todos los idiomas, con el lenguaje común de la solidaridad. En la cárcel hubo desfile de personalidades visitándote. Te has de acordar del diputado de la Unión Europea quien indignado por la injusticia que te hizo víctima, se empeñaba en sacarte él mismo por la puerta de los visitantes. Hasta el ambiente de los presos cambió para bien cuando fuiste su compañero, pues no desperdiciaste ni un día en defender sus derechos, hacer amigos, y mediar en conflictos. Lo mismo ayudaste a que se les reconociera su derecho al  agua, como a la atención médica como parte de sus derechos humanos. Todavía recuerdo cuando intentaste reunir a todos los presos para hablarles del daño ambiental que sufre el planeta. El director no lo podía creer y tampoco se pudo negar.

Los reconocimientos nacionales e internacionales que recibiste nunca te cambiaron, y contrariamente a lo que haría cualquiera, tu pedías que no se hablara mucho de eso porque a lo mejor la gente pensaba que se trataba de dinero, y eso era lo que menos tenías.

Estuvo bien que hubieras desdeñado la invitación de Fox  en el día mundial del medio ambiente, en el último año de su gobierno. En cambio, recibiste complacido el reconocimiento que te igualaba con el campesino defensor del Amazonas brasileño, Chico Mendes, otorgado por la poderosa organización ambientalista Sierra Club. La medalla Sergio Mendez Arceo también fue un reconocimiento merecido.

Cómo no te iba a querer la vida si en la propia cárcel te hiciste amigo de uno de los matones que participó en la cadena de asesinatos que se desató con la muerte de nuestra amiga, Digna Ochoa. Por eso duele tu muerte atroz, de repente.

Mientras  ésa mañana fatídica pedías que te ayudaran a levantarte cuando morías desangrándote, la noticia llegó hasta tu casa del Barrozal. ¡Mataron a Felipe! Gritaban dando la noticia. Tu mujer y tus hijas se aturdieron, no sabían qué hacer pensando que te habían asesinado. Ya repuestas corrieron a levantarte, pero fue inútil porque tu vida quedó en manos de los servicios médicos más inútiles de la Costa. Sin poderte atender en Petatlán, te llevaron hasta Zihuatanejo, regando con tu sangre el camino. Allí te moriste.

Nadie está preparado para morirse y menos para recibir esa noticia cuando afecta a un ser querido. Celsa lo confiesa. Dadas las circunstancias del ambiente en el que vivían, siempre pensó que llegada la hora estaría preparada. Pero no. Está deshecha y con el enorme compromiso de mostrar fortaleza frente a tus hijas que te vieron salir y  no volverán a verte más.

Nos harás falta, Felipe, Compañero. Amigo.

 

Los indígenas en Zihuatanejo Noviembre 26, 2007

Archivado en: Sociedad — silver99 @ 5:41 pm

Para los jóvenes normalistas. Con su rebeldía, otro mundo es posible

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Corría el año noventa cuando nos encontramos por primera vez. Ellos peleando su derecho al autoempleo y defendiendo a sus
paisanos para ejercer el comercio ambulante en el puerto. Nosotros construyendo la oposición política y la alternativa
democrática frente al moderno y represor gobierno ruizmassieuista. Veníamos todos de las candentes luchas municipalistas que
maduraron con el neocardenismo.
Marina hablaba con soltura la lengua materna que la hermana con los nahuas del Alto Balsas. Para la comunidad indígena era la
“maestra”, la que no se afrenta de su lengua ni olvida sus raíces. Bernardo, su compañero de hablar mesurado, cargaba la
experiencia de la lucha por la dignidad municipalista que los universitarios de Copalillo aportaron a su pueblo mediante un
triunfo electoral que el priísmo no les pudo arrebatar. Triunfantes en la primera gran confrontación política que derrotó el poder
del PRI en 1989, estaban prestos para trasmitir su experiencia a los indígenas montañeros, hechos costeños a fuerza de querer
sobrevivir.
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