Silvestre Pacheco León.-Zihuatanejo Guerrero

Politologo, Ambientalista, Periodista… Contacto: leonblog@riseup.net

Agosto de 1969 Septiembre 25, 2007

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Agosto de 1969

Silvestre Pacheco León En memoria de mi amigo
y compañero, Abel Salgado

Mientras me pongo los zapatos, mi vista recorre el lugar que dejo. El agua chorreada es de color rojizo, propio de las crecientes
del río Limpio. El “tepanole” desapareció por la corriente del agua. Por eso en estos tiempos de lluvias es preciso mojarse para
pasar al otro lado. Tantos años, tantas veces de cruzar el río nos ha vuelto especialistas. Por el color del agua sabemos cuando la
creciente viene del Huacapa o del río Limpio. En las noches nos guiamos por la corriente, si ésta es fuerte y escarba los pies,
seguro se trata del Huacapa. El río Limpio es manso, poco corrientoso. Cuando crece, tarda más en bajar. El otro baja su nivel en
cuestión de horas.
A propósito grabo en mi memoria la escena que dejo tras de mí. Me voy a México y no tengo deseos de regresar a este lugar
donde el trabajo es rudo y los beneficios escasos. Mi hermano mayor me llama para estudiar allá en la capital y no siento
nostalgia ni pena porque mis padres se quedan. Primero, porque dejar el pueblo es como el destino manifiesto de cada miembro
de la familia decidido a estudiar, segundo, porque mis padres quieren y están convencidos de que el estudio nos abrirá mayores
perspectivas de desarrollo.
Pertenezco a la tercera generación de la secundaria por cooperación que lleva el nombre del general Cárdenas, escuela que fundó
el doctor Epifanio Martínez Barrera en el impulso que dio a la educación en Quechultenango desde su cargo como director del
Centro de Salud.
Con mi viaje a México me adelanto a la mayoría de mis compañeros que llegaron después con el mismo apetito de estudiar una
carrera. Para entonces no sé y no veo que como país estamos en la ola de la crisis del modelo de desarrollo que ubicó a la
agricultura en el papel de subsidiaria de la industria. Lo que sí me influye es la rebeldía juvenil que impregna las calles de la
ciudad sesentayochera.
Los jóvenes hacen acto de presencia en la vida nacional. Irrumpen, reclaman y se rebelan, como debe ser en un país sin
instituciones democráticas.
Vivo en Coyoacán, en uno de sus barrios populares. Desde allí voy en conquista de la ciudad. Aprovecho las vacaciones de verano
para emplearme en lo que sea, de tiempo completo. Eso es como entrenamiento para mi doble papel de estudiante trabajador
que obligatoriamente desempeño después como lo hacen mis compañeros y paisanos.
Mi primer trabajo es como despachador en una gasolinera, la de Vallarta en Coyoacán, empleado por las puras propinas. Ahí
aprendo y me especializo en conocer modelos de carros para saber el lugar donde tienen el tapón para servir la gasolina y el
mecanismo para abrir el cofre y descubrir, entre todos los aditamentos del motor, la “bayoneta” para medir el aceite y luego el
compartimiento para vaciar el lubricante.
Conocí de libras de aire, de presión de llantas, de llaves de tuercas y un sinnúmero de automovilistas de las diferentes clases
sociales.
Cuando pude, incursioné como lava autos y allí aprendí, con choques de por medio, los rudimentos de la manejada.
Luego vinieron las clases. Primero terminar la secundaria en una escuela de Xochimilco Después pasé el examen en el Politécnico
y estudié un año en la Vocacional 7. Entonces era yo obrero de la Cervecería Modelo.
Desde la colonia Pensil viajaba hasta Iztapalapa atendiendo el trabajo y la escuela, con esas prioridades. Después pasé el examen
en la UNAM. Hice la prepa en la 5 de Coapa y después me fui a la universidad para estudiar la carretera de Ciencias Políticas y
Administración Pública en CU.
Fue en la plaza de Coyoacán donde conocí personalmente a Heberto Castillo y a Demetrio Vallejo durante un mitin del CENAO,
promotor del Partido Mexicano de los Trabajadores. Me impresionó la oratoria de Romeo, un joven universitario que llamaba a los
estudiantes a incorporarse a la lucha por la democracia y la justicia social.
En 1972 formé parte del comité delegacional de Coyoacán del PMT, con amigos entrañables: Raúl Velasco, Armando Rendón,
Tomás Guitian, Carlos y Catalina García; Federico Novelo, Julio y Paty Ríos, Mario Bustamante, Arturo Balderas, Laura Castillo,
Jorge Alcocer, Adela Castillejos.
La organización del PMT, como se recuerda, ocurría a la par con la lucha guerrillera en Guerrero. La tarde del 3 febrero en que la
prensa dio a conocer la muerte de Lucio Cabañas viajaba de la fábrica a la escuela. La noticia la leí con tristeza e indignación a
bordo del camión que me llevaba por la calle Rivera de San Cosme.
Como militante del PMT promoví incursiones a Guerrero para implantar la lucha política organizada. Lo hice en mi pueblo donde
el PMT contó con uno de sus comités más antiguos, y luego en la Costa Grande de Guerrero y Michoacán, donde coordinamos
actividades con los núcleos de obreros y campesinos organizados.
A la fábrica de la Cervecería Modelo entré en diciembre de 1970 y salí dos años después, despedido por la empresa y expulsado
del sindicato, como medida de represión por la lucha que emprendimos mayoritariamente los trabajadores eventuales, por la
democratización de la vida sindical.
Hasta entonces entre los compañeros solidarios con la lucha obrera contábamos con el apoyo de algunos paisanos guerrerenses,
obreros también que habían adoptado formas de actuar más radicales. Recuerdo ahora con especial cariño a Rafael Ramírez,
calentano discreto de quien nunca sospeché que militara en la Liga Comunista 23 de Septiembre. La lucha obrera en la Modelo
fue ejemplar, heroica y aleccionadora en muchos sentidos. Allí se escribió una de las páginas más notables del sindicalismo
revolucionario moderno, en ése sector industrial de punta donde confluyó la solidaridad obrera, campesina y popular que se
registró en toda la década de los ochenta, con Manuel Camacho como regente y mediador entre obreros e industriales que
colapsaron la ciudad.
En 1979, terminando la carrera, tuve la oportunidad de regresar a Guerrero. Desde entonces trabajé en la Costa Grande en
asuntos de planeación y desarrollo regional, ahora complementados con el ingrediente ambiental.
Hace 38 años que salí de mi pueblo. Desde entonces he vuelto con frecuencia para reencontrar mi pasado. Durante años viví con
nostalgia de los olores, sabores y afectos. Después fui descubriendo que mi espacio en esa sociedad era ocupado sin remedio. Mi
ausencia cobraba sus costos. No me reconocía ya en el ambiente social. Los adultos de entonces ya pocos están, y para los
jóvenes de hoy soy un perfecto extraño. Mucha agua ha pasado bajo el puente y muchas costumbres y saberes desaparecen
también. En mi familia se ha cancelado por siempre el trabajo campesino. El cultivo de la tierra será totalmente ajeno a las nuevas
generaciones. Las danzas populares como los “mecos” los “nitos”, los “chivos” los “viejos” se están quedando sin animadores.
Cuando esto escribo recorro mis pasos. Estoy en el festejo del Ocoxuchilt, uno de los rituales mesoamericanos que ha podido
sobrevivir y robustecerse en Quechultenango, oculto en el rito católico alusivo al belicoso actuar del Santiago Apóstol.
En la mañana me despierta la melodiosa flauta de “Las Cueras” la danza pagano-católica del Santiago, que parece luchar contra el
guerrero tan tan tan del tambor que la acompaña. Cuando la escucho recuerdo que es mi hermano Hugo el animador principal de
esta fiesta “patronal” Que haya aprendido la música de la danza y que esté preparando a nuevos valores para el relevo son
garantía de su trascendencia. En el festejo de hoy van los danzantes precedidos de la música con el pregón para que los devotos
creyentes del pueblo preparen sus “toritos” de luces y cohetes que se habrán de quemar como ofrenda al Santo Patrón.
En la noche creció el río Huacapa y sin la necesidad de mojarnos los pies, sabemos que es él porque la fetidez que despiden sus
aguas lo delata.
Por mi parte, no sufro ya la pasada del río, ni tengo necesidad de caminar a tientas para cruzarlo porque ya hay luz eléctrica. El
puente ocupa hoy el lugar del “tepanole” y no nos preocupa más la corriente pluvial que escarba los pies.

 

Cronica de Viaje.-Primera parte Enero 17, 2007

Archivado en: Varios — silver99 @ 6:49 pm

CRONICAS DE VIAJE
Silvestre Pacheco León
-Primera de dos partes-
Es sábado y estamos en el Mágico Mundo Maya. Llegamos ayer por la noche hasta Cancún con un día de retraso. Después de una intensa jornada de manejo que reinició doce horas antes desde la ciudad de Palenque, estamos en nuestro destino. Aquí es la cita para la Navidad con todos los miembros de la familia.
(más…)

 

Vacaciones.-Segunda Parte Enero 16, 2007

Archivado en: Varios — silver99 @ 8:41 pm

CRONICA DE VIAJE
Silvestre Pacheco León
Segunda y Ultima Parte

Suscribo totalmente el Manifiesto del Grupo Sur contra las tentaciones
autoritarias del gobierno de Felipe Calderón.

A mis hijos no les agradó el Cancún que conocieron. La enorme diferencia que se observa entre la zona turística y donde viven los lugareños les pareció ofensiva, aún cuando las semejanzas entre este lugar y Acapulco resultan parecidas. Sólo el mar turquesa con su arena blanca les pareció sin igual. (más…)