Silvestre Pacheco León.-Zihuatanejo Guerrero

Politologo, Ambientalista, Periodista… Contacto: leonblog@riseup.net

FELIPE ARREAGA SANCHEZ Septiembre 21, 2009

Archivado en: Ecologia, Sociedad — silver99 @ 4:55 pm

FELIPE ARREAGA SANCHEZ

Silvestre Pacheco León

Cuando me enteraron de tu muerte pensé que era un mal sueño. Tu no debías morir, y menos de una muerte tan estúpida, en la carretera nacional, víctima de la prisa con la que los choferes de las combis se quieren sobreponer a su miserable salario.

Mira que venirte a morir en el mero día de la independencia, justo cuando falta un año del inicio de la verdadera revolución, y te vas, así, de repente. Tu que como don Vicente Guerrero, sobreviviste mil peripecias, caíste del golpe seco y contundente para el que nadie está preparado. La combi que te envistió en su carrera para ganar el pasaje allá en Petatlán, iba repleta de estudiantes que acudían al desfile. Mira si no va a impactar tu muerte, si ellos que fueron tu principal preocupación en las pláticas sobre el cuidado del ambiente, te vieron caer de la cuatrimoto en ése accidente aparatoso, sin poderte auxiliar en ésa lucha en la que sólo tu fortaleza física te dio unos  minutos más de vida.

Celsa, tu inseparable mujer y compañera, te esperaba en la casa, como siempre, lista para subir a la sierra en labor casi pastoral de sembrar árboles y predicar a favor de la naturaleza. Quizá otra hubiera sido la historia si esa mañana ella te hubiera acompañado a la gasolinera como querías, pero se entretenía arreglando los detalles para que nada faltara allá arriba, en el Zapotillal.

La noche anterior hacías cuentas de los cuatro años cumplidos desde tu salida de la cárcel de Zihuatanejo, cuando una acusación falsa te arrebató diez largos meses de vida que te pasaste encerrado. Desde entonces, contabas cada día  como si fuera el último que ibas a vivir. “Ya cumplí cuatro años, a ver que me depara Dios de aquí para adelante” me confió Celsa que le dijiste la noche anterior a tu muerte.

Tu creencia de que cada quien tiene escrito el tiempo que va a durar en el mundo, te daba cierta seguridad y no menos audacia para vivirlo. Si te habías salvado de las amenazas de muerte de Figueroa el viejo, cuando muchacho tu, te le enfrentaste en la exigencia de que atendiera las peticiones campesinas para proteger el bosque del ejido Fresnos de Puerto Rico, en tu calidad de presidente del comisariado; si te impusiste con tu prédica de perdonar las ofensas y muertes de numerosas familias serranas para que reinara la paz cuando sólo las armas era el medio y remedio de sobrevivencia, cuantimás, ibas a salir airoso del “juicio popular” al que te sometieron quienes en tu región buscan el cambio social por la vía violenta. Era tu fortaleza espiritual que con Celsa se duplicaba, lo que sacó avantes a los dos aquella noche oscura, en la que para mayor ofensa contra ti, los hicieron cargar las mochilas guerrilleras, después de sacarlos violentamente de su casa. Ganó tu postura de coincidir en los fines pero disentir en los métodos, porque hasta el final sostuviste que el fin no justifica los medios. Eso te hizo crecer en respeto, hasta de quienes no te querían.

Si no vacilaste en secundar la lucha regional contra el saqueo de madera cuando gobernaba el segundo Figueroa, menos lo  ibas a hacer cuando la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y de Coyuca de Catalán, requirieron de tu guía. Luchaste hasta el cansancio, y todo el sacrificio de vivir escondiéndote el tiempo que duró la persecución, tuvo su fruto, un fruto venturoso porque hasta entonces, tu compañera, que sólo participaba apoyándote como sostén de la familia, de pronto hizo causa común de tus anhelos y creó, ella misma a la cabeza, la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra, cuando el acuerdo de cambiar su residencia, los llevó a mudarse a la cuenca del río Petatlán, la zona más pobre del municipio pero también la de mayor tradición organizativa. El pueblo les dio cobijo y protección cuando el ejército te perseguía.  Celsa lo recuerda a menudo, cuando platica de la irrupción de las mujeres en la lucha ambiental. Te has de acordar que muy a regañadientes conviniste con ella en que ambos se alejarían de la lucha social para dedicarse exclusivamente a la familia y ver por la educación de los hijos. “Al cabo nadie agradece ni reconoce lo que uno hace para el bien de la gente” –sentenciaba tu mujer-.

Poco tiempo pasó de tranquilidad en tu hogar cuando en menos de que canta un gallo ya estaban los dos enfrentando problemas de la comunidad. La organización de las mujeres apenas empezando el nuevo siglo, fue la consecuencia, el campo estaba fértil. Si de por sí, cuando la lucha se volvía más feroz, los hombres eran los primeros en huir con el pretexto de que no pueden andar por el monte, escondiéndose, llevando consigo a mujeres y niños. En los pueblos se necesitaba más que resignación para enfrentar la llegada del “gobierno” que era sinónimo de, susto, maltrato, vejaciones, amenazas y robos contra el resto de la familia.

¿Recuerdas que en el  2005, Celsa fue la que te sacó de la cárcel, porque se lo propuso, porque como toda mujer de convicciones, movió cielo y tierra para reunir las pruebas de tu inocencia? Ella más que nadie sabía del accidente que te dejó postrado cuando la Procuraduría, coludida con los talamontes pretendió tomar venganza contra los ecologistas, fabricándote el delito de homicidio con el que te acusaban.

Tu que tomaste desde joven la causa de la paz, renunciando a la venganza legítima contra quienes mataron a tus padres, fuiste víctima  de una acusación atroz a finales del 2005. Entonces sucedió igual, también en la carretera te detuvieron los judiciales, cargaste con la culpa de otros, y nunca te rajaste. Quizá fue tu serena actitud de aceptar todo con buena cara lo que te ayudó para que mucha gente en el mundo conociera tu trabajo a favor del bosque. Fueron cientos las cartas de apoyo que recibimos, en todos los idiomas, con el lenguaje común de la solidaridad. En la cárcel hubo desfile de personalidades visitándote. Te has de acordar del diputado de la Unión Europea quien indignado por la injusticia que te hizo víctima, se empeñaba en sacarte él mismo por la puerta de los visitantes. Hasta el ambiente de los presos cambió para bien cuando fuiste su compañero, pues no desperdiciaste ni un día en defender sus derechos, hacer amigos, y mediar en conflictos. Lo mismo ayudaste a que se les reconociera su derecho al  agua, como a la atención médica como parte de sus derechos humanos. Todavía recuerdo cuando intentaste reunir a todos los presos para hablarles del daño ambiental que sufre el planeta. El director no lo podía creer y tampoco se pudo negar.

Los reconocimientos nacionales e internacionales que recibiste nunca te cambiaron, y contrariamente a lo que haría cualquiera, tu pedías que no se hablara mucho de eso porque a lo mejor la gente pensaba que se trataba de dinero, y eso era lo que menos tenías.

Estuvo bien que hubieras desdeñado la invitación de Fox  en el día mundial del medio ambiente, en el último año de su gobierno. En cambio, recibiste complacido el reconocimiento que te igualaba con el campesino defensor del Amazonas brasileño, Chico Mendes, otorgado por la poderosa organización ambientalista Sierra Club. La medalla Sergio Mendez Arceo también fue un reconocimiento merecido.

Cómo no te iba a querer la vida si en la propia cárcel te hiciste amigo de uno de los matones que participó en la cadena de asesinatos que se desató con la muerte de nuestra amiga, Digna Ochoa. Por eso duele tu muerte atroz, de repente.

Mientras  ésa mañana fatídica pedías que te ayudaran a levantarte cuando morías desangrándote, la noticia llegó hasta tu casa del Barrozal. ¡Mataron a Felipe! Gritaban dando la noticia. Tu mujer y tus hijas se aturdieron, no sabían qué hacer pensando que te habían asesinado. Ya repuestas corrieron a levantarte, pero fue inútil porque tu vida quedó en manos de los servicios médicos más inútiles de la Costa. Sin poderte atender en Petatlán, te llevaron hasta Zihuatanejo, regando con tu sangre el camino. Allí te moriste.

Nadie está preparado para morirse y menos para recibir esa noticia cuando afecta a un ser querido. Celsa lo confiesa. Dadas las circunstancias del ambiente en el que vivían, siempre pensó que llegada la hora estaría preparada. Pero no. Está deshecha y con el enorme compromiso de mostrar fortaleza frente a tus hijas que te vieron salir y  no volverán a verte más.

Nos harás falta, Felipe, Compañero. Amigo.

 

POR LA RUTA NORTE DEL BICENTENARIO Septiembre 21, 2009

Archivado en: Ecologia — silver99 @ 4:52 pm

Silvestre Pacheco León

Segunda y Última Parte

Cuando llegamos a San Luis Potosí eran las cinco de la tarde. Su alameda sombreada nos sedujo para caminarla, de manera que modificamos el plan original de llegar ése día a Matehuala,  rumbo a Monterrey, y  mientras nos orientábamos para encontrar el restaurante más recomendado, admiramos los bellos edificios de cantera del Centro Histórico. San Luis es una capital de muchas iglesias, cada una tiene su plaza, aparte del atrio, amplias y vistosas. Son construcciones imponentes frente a la humildad de sus feligreses. Más al norte no hay otra capital similar. Ni siquiera Monterrey tiene templos del rito católico que sean o hayan sido tan ostentosos.

En todo el viaje aprovechamos el servicio de turibus o tranvía, que permite, echar un vistazo rápido por lo más interesante de la ciudad, pero en San Luis, el guía no tiene par, ni siquiera en el DF hay quien lo iguale. Don Eduardo Castillo nos sorprendió de veras con su amabilidad e información. Durante el recorrido por la ciudad entabla una relación casi personal con los turistas y es que, en efecto, don Eduardo es toda una institución en la capital de su estado, de manera que el servicio que presta resulta digno de copiarse, es un verdadero anfitrión. Es de los pocos concesionarios de un servicio público que deja satisfechos a todos sus clientes.

En el primer cuadro de la ciudad se conserva y presume del lugar donde don Francisco Madero redactò y promulgó el Plan de San Luis, con el cual diò inicio la revoluciòn. Tambièn conocimos el último lugar de residencia que tuvo la Corte que acompañó a don Benito Juárez durante su presidencia itinerante.

Viviendo la riqueza de información que uno puede adquirir con un simple paseo de 30 pesos, alabo la iniciativa que han tenido las autoridades de Durango que promocionaron recorridos gratuitos para toda la población en éste verano, lástima que siempre resulte insuficiente la oferta de espacios en los tranvías para tantos habitantes interesados. Nosotros que dispusimos de toda una tarde para el recorrido, nos quedamos con las ganas porque las colas eran larguísimas.

Desde aquí y hasta Chihuahua, las grandes cadenas comerciales imponen su fuerza y su sello. Con el mismo servicio de la franquicia que en Guerrero acapara a los espacios comerciales de las gasolineras, en el norte la moda del servicio con aire acondicionado y abierto las 24 horas del día llegó para quedarse.

Dejamos San Luis un domingo al medio día y no comimos sino hasta llegar a la ciudad regia, donde parece que esperaban nuestra llegada, pues el recibimiento no pudo ser mejor con el platillo característico de Nuevo León. A base de Cabrito, tortillas de harina y huevo machacado, hasta el calor infernal de la ciudad se nos hizo aceptable.

Como era forzoso conocer la macroplaza, el parque Fundidora y el paseo de Santa Lucía, en lancha, por un canal artificial, la alta temperatura que alcanzaba los 35 grados nos obligó de plano a buscar el confort de Chipinque, el hermoso parque ecológico en las faldas de la sierra, con su bosque de pinos, liquidambars y encinos. No dejamos de visitar las grutas de García, en la aridez de la montaña desértica,en el municipio del mismo nombre, donde el sofocante calor de la caminata se ve recompensado por un viento fresco venido quien sabe de dónde, que seca el sudor y revitaliza. Pero como eso tampoco sació nuestra sed de frecura, llegamos hasta la cascada de la Cola de Caballo, en la misma sierra de Chipinque, pero rumbo a Nuevo Laredo, pasando por el azul embalse de la presa del Cuchillo, en el municipio de China.

En el verano los gobiernos de los estados tienen programas para la recreación, la cultura y el deporte de sus gobernados. Unos más aplicados de que otros, pero todos muestran en eso, su propio grado de desarrollo o su interés por la sociedad a la que sirven.

Hay promociones en todas partes para que sus habitantes se acerquen a los museos. Los cursos de verano son los más socorridos para que los padres tengan manera de entretener a los hijos, sin importarles tanto lo que aprenderán ni si será divertido el entretenimiento o el deporte.

En Monterrey la oferta cultural es de una gran urbe. Los museos abiertos y con días gratuitos para la población. El Festival de Teatro Nuevo León, Teatro a una sola Voz, no nos lo perdimos ni un solo día. Con entradas económicas, alienta a la población para acercarse a la cultura.

En Saltillo, en éste año el gobierno de Coahuila organizó un festival por el 432 aniversario de la ciudad. Toda una semana de eventos, música, cine, teatro, exposiciones, feria de libros, cabalgata, sesión solemne y pública de Cabildo. En el palacio de gobierno, un edificio estilo colonial, impecablemente limpio, se montó una exposición que realza los eventos históricos más importantes que se sucedieron en el estado. Las encargadas de atender al público, todas mujeres, amables y atentas, hacen más atractivo el recorrido.

En Zacatecas el entretenimiento popular corre a cargo de las compañias de payasos que diariamente se hacen cargo de cientos de personas, principalmente jóvenes, que desde temprano ocupan las gradas de una de las plazas del centro para escuchar chistes trillados y participar en juegos que las televisoras han puesto de moda.

Dejamos Monterrey sin poder encontrar una manera fácil de describir la ciudad, pues siendo moderna, no ha podido borrar su pasado provinciano. Sus barrios viejos permanecen, sucios, bulliciosos y populosos. La riqueza se exhibe sin pudor frente a la pobreza. Los altos, imponentes y modernos edificios corporativos no ocultan las colonias marginadas. La gente vive sus diferencias sociales de manera resignada. Los ricos no parecen tener temor de los pobres ni éstos envidia por lo que no tienen.

Igual, carecen de agua  y las lluvias son escasas, pero cuando llueve la ciudad se inunda.

El mejor sabor de boca, en lo que a la cultura toca, nos lo dejó la convivencia con los héroes  de la Independencia y la Revolución. el recorrido histórico que nos ofrecieron los actores de teatro callejero en Chihuahua, ciudad engalanada por el 300 aniversario de su fundación, 200 de  la independencia y 100 de la revolución.

La compañía de teatro callejero que tiene concesionado el servicio del turibús y el recorrido guiado lo hace con un profesionalismo tal, que debería ser copiado para fomentar la enseñanza de la historia patria en todo el país.

La cita para el recorrido es frente a la catedral.  Allí, a un llamado, acudimos todos los invitados formando un círculo en lo que calculan que es el centro mismo de la plaza.

Mientras nos dan la información general sobre el recorrido, se acerca hasta nosotros un joven y noble caballero vestido a la usanza  de la época colonial que se presentó como el fundador de la ciudad, Antonio Iza y Ulloa quien luego de informarnos los pormenores de la decisión que tomó para el asiento de Chihuahua, nos invita a visitar a los personajes importantes que dejaron alguna huella en la ciudad.

En seguida los invitados abordamos el tranvía que nos lleva precisamente a la parte del palacio de gobierno donde el cura Miguel Hidalgo fue sacrificado después de su derrota y aprehensión en 1811. Entre nosotros va un niño, quizá de 5 años, regordete y consentido a quien sus papás dejan hacer.

Cuando llegamos a la altar, el cura está de pié frente a nosotros. De espaldas y también de pie, un clérigo con la capucha de su hábito puesta, representando al santo tribunal, permanece inmóvil. De pronto los dos personajes cobran vida ante el azoro de quienes permanecían distraidos. En representación de la iglesia el religioso comienza a interrogar al cura acerca de las motivaciones que tuvo para alterar y revolucionar el orden colonial, contraviniendo las normas de la iglesia. El cura hace una explicación clara y convincente sobre la realidad social a la que había que enfrentar con medidas de cambio y que su papel fue siempre guiado por su profundo amor a sus semejantes, de ahí que los hubiera convocado a levantarse sin pensar en poner en riesgo el papel de la iglesia. A mitad de interrogatorio, el chamaco impertinente, sentado en las escalinatas le grita a su papá, después de un ruidoso botezo, que tenía hambre, que cuándo iban a comer. Eso quitó solemnidad al momento pero al final el profesionalismo de los actores se impuso y para todos quedó claro que a la confesión del cura siguió su condena y luego el fusilamiento que culminó con su degollamiento y posterior exhibición de su cabeza junto a la de otros insignes conspiradores.

Después fuimos invitados de don Benito Juárez en la casa que habitó durante su presidencia itinerante. Nos habló de su niñez  en el mundo de los zapotecas, de sus estudios y de sus afanes republicanos.

Más adelante y siempre guiados por el fundador de la ciudad nos sucedió lo inesperado: en un alto del tranvía, se presentò ante nosotros nada menos que la Adelita de la revolución. Con su 30-30 en las manos, amenazó a los viajeros y asustò al niño impertinente quien, en adelante, guardó un inteligente comportamiento frente a la bravía mujer. La Adelita Nos dijo que todos deberíamos obedecer su autoridad contra el riesgo de mandarnos fusilar. Nos anunció que la acompañaríamos a visitar nada menos que al general Francisco Villa, quien –dijo- nos esperaba impaciente. Y en efecto, la impaciencia del Centauro era tanta que no tuvimos siquiera que bajar del tranvía. El mismo Doroteo Arango, en persona, vestido a la usanza guerrillera, subió a saludarnos y a platicar con nosotros. Nos dio pormenores de cómo se hizo revolucionario hasta llegar a dirigir la División del Norte, que aún cuando nunca le dieron el status de ejército, en los hechos fue el más temible durante la revolución, formado por una base campesina, jornaleros y oficiales.  Opinó sobre Madero y la traición de Victoriano Huerta; de su relación con Carranza y Obregón y la amistad  que nació con Emiliano Zapata, el Caudillo del Sur, con quien compartía causa y utopías.

Con sólo éste encuentro personal con los hombres que hicieron la historia pátria, valió la pena hacer el viaje por el Norte. ¿Qué no?

PD. En éste viaje también aproveché para conocer la prensa local. Desde luego, El Norte de Chihuahua, el Siglo de Torreón, y la verdad nada que ver con El Sur en cuanto a profesionalismo y profundidad y compromiso social.

 

POR LA RUTA NORTE DEL BICENTENARIO Septiembre 7, 2009

Archivado en: Ambientalismo — silver99 @ 7:17 pm

Silvestre  Pacheco León

Primera de dos partes

En todo el norte del país se vive y se respira la crisis económica. En las capitales de San Luis Potosí, Zacatecas, Nuevo León, Coahuila, Durango y Chihuahua, la vida de la gente común, se va en buscar la sobrevivencia. El mercado informal crece, los servicios se multiplican y cada vez son más los jóvenes que se autoemplean en las calles, ora vendiendo agua embotellada, ora limpiando parabrisas, ora ofreciendo jugos de fruta, tarjetas para celulares, chiclets,  periódicos, tacos, fayuca, artesanías, etc. Los migrantes han vuelto en oleadas del otro lado de la frontera. Familias enteras que se abrían paso en ciudades y campos norteamericanos, vienen a sortear la crisis en sus lugares de origen, confiando que con las medidas de Obama, todo será temporal.

Los lotes de carros usados en barata se ven por todas partes. En Fresnillo, Zacatecas, la entrada del pueblo es un gigantesco lote de carros usados. En una calle céntrica de Monterrey un migrante indígena que pasó del desempleo a la indigencia  y de allí a la locura, vive junto a un restaurante comiendo las sobras. No sabe dónde queda su tierra pero pide limosna para regresar.

En el crucero de Torreón para tomar la autopista a Chihuahua, son grandes bandas de jóvenes venidos de todas partes de la república los que se disputan con violencia el servicio que ofrecen, bajo la vigilancia complaciente de los policías y el temor de los automovilistas.

El desempleo y el comercio ambulante se dan la mano en todas partes. Desde San Luis Potosí a Zacatecas la ocupación en las carreteras es la venta de tunas y  dulces. Como en Guanajuato las fresas y la cajeta, en Querétaro se ofrecen frutas y verduras en conserva.

Casi al llegar a Monterrey y en el hervor del calor veraniego, sin un techo que los cubra, los ambulantes comercian con  ajos que anuncian a kilómetros de distancia y los venden en llamativas cadenas que ellos mismos tejen. Según Palmira, mi mujer, su precio es más caro que lo que cuestan en la feria de Petatlán, que es donde ella los compra. No averiguamos si por aquí los cultivan, pero me acuerdo de un tal Usabiaga, que apodaban el rey de ajo, quien que con ése producto levantó un imperio en la zona del Bajío.

En algunas ciudades el comercio de todo, como actividad informal, ha llegado a cierto grado de sofisticación como Mercados de Pulgas, los que teniendo como origen la venta de herramientas usadas y robadas, ahora se especializan por giros. En Monterrey el mercado de pulgas junto al río Santa Catarina, se especializa en ropa, perfumes y zapatos, Allí se surten quienes cuidan su economía y la actividad comercial adquiere cierto decoro, pero yo no aseguraría que sus productos son de legal procedencia.

El ejemplo anterior se repite en las demás ciudades donde uno a veces se sorprende por el bajo precio que pueden tener diversos productos de marca. En Durango un par de zapatos tenis que por lo usual cuestan mil pesos, algunas tiendas los venden en 200.

La explicación de esto la adiviné después de leer una nota en la prensa local que daba cuenta del decomiso de dos toneladas de zapatos falsos (¿?), en Puebla.

En Chihuahua son las nueces, las que se ofrecen en las carreteras, nueces y miel, frente a las grandes plantaciones nogaleras. Aquí son familias enteras quienes se ocupan de la venta. Aunque los conocedores explican que las nueces de esta época ya se han deshidratado, que las mejores son las de reciente cosecha, durante los primeros tres meses del año, nosotros, de todas maneras, compramos, sólo para confirmar lo que nos han dicho.

En el Norte, las tortillas de harina se encuentran en cualquier estanquillo del camino, igual que la carne seca de res, asada, salada, con limón y con chile, como cada quien la prefiera. Al saborearla recuerdo que era el bastimento esencial para el ejército campesino que comandaba mi general Villa, y del mejor ganado, criado en las haciendas del viejo cacique chihuahuense, Luis Terrazas, acaparador de tierras, quien se ufanaba contando el día en que un enviado de una empresa gringa le preguntó si podría surtirle cinco mil becerros durante un mes, y le respondió que sí, nada más le dijeran de que color querían los becerros.

El clima es seco y caluroso. El camino por el desierto  seduce y alucina. Las anchas, rectas, rápidas y modernas carreteras dan la sensación de que hasta de pueblos es desértico, porque no hay señal de vida en trechos grandes. Sólo algunas construcciones pobres con grandes letreros que anuncia café, señalan estaciones de descanso para los viajeros constantes. Si se camina de día, uno puede ver los pequeños tornados que a veces se entrecruzan y atraviesan la carretera arrastrando por el aire lo que encuentran a su paso.

Las primeras lluvias asientan el polvo del camino y en algunas partes forman ríos pero, aún así, el campo está desolado. Solo en la zona de la Laguna, la agricultura comercial con sus pozos profundos hace que cambie el paisaje, de seco y polvoriento, al verde en sus diferentes tonalidades. Aquí los establos de vacas pintas están junto al camino, cientos y cientos de vacas para la ordeña que consumen millares de litros de agua y toneladas de forrajes.

Los pocos ríos que cruzamos están sucios y contaminados, desde el río Santiago en San Luis Potosí, hasta el Sacramento en Chihuahua.

Bosques casi no hay, y las ciudades tienen árboles sólo por alguna equivocación. La zona arbolada es la más concurrida en la macroplaza de Monterrey. Los paseos en lancha por el canal turístico son un privilegio en la ciudad, pero su costo los aleja de la población. Claro que esta urbe tiene su parque ecológico en Chipinque, en las faldas del cerro, donde viven las familias más acaudaladas, aquellas que fueron capaces de conspirar contra el nefasto gobierno de Luis Echeverría en los setentas. Aquí, por 25 pesos por persona, a pocos minutos de la ciudad, las familias disfrutan de todos los servicios ambientales que da el bosque.

La ciudad de Chihuahua, hay que decirlo, tiene algunos parques para mitigar el calor. Uno rodea el mausoleo de Villa, el otro es la alameda que pocos lugareños conocen como Paseo Simón Bolivar. Y también la capital de San Luis tiene una isla de frescura que todos conocen como la calzada de las Cajas de Agua, que así le llaman aquí a los hidrantes que conocemos como tomas comunitarias de agua.

En el resto de las ciudades visitadas el panorama de desolación en el verano, es el mismo, y peor si le agregamos la prolongada sequía que ha resentido la agricultura de temporal que echa por tierra el trabajo de miles de campesinos. En el campo zacatecano fuimos testigos de la agonía de las plantas del frijol ojo de cabra y flor de mayo, chile y algodón sucumbiendo a la sequía. Si ahora que aún dura la cosecha del ciclo anterior, éstos frijoles cuestan 20 pesos por kilo, en el mercado de futuros los comerciantes deben estar contando anticipadamente sus ganancias.

Frente a ésta realidad que retrata el grave problema del líquido vital, me llamó la atención el campo de Querétaro, donde la cosecha de agua en bordos, represas y ollas de agua, es abundante. ¿Es que a ningún otro gobierno se la ha ocurrido que la inversión en éste tipo de infraestructura también es lucidora, productiva y de vasto impacto ambiental?

La reflexión que queda para los que habitamos en el sur, es que estamos siguiendo a pie juntillas la misma experiencia del Norte, con esa compulsión que nos provoca el modelo económico gringo. No entendemos que nuestra economía dependiente, sometida al sistema capitalista nos condena al exterminio de nuestros recursos naturales apostándole a un desarrollo que nunca vendrá.